primera comida en Melaka

VAMOS A MELAKA EN BUSCA DE TRANQUILIDAD

Melaka me parece mucho mejor idea que Kuala Lumpur.

Como te decía en el anterior post, nos hemos venido a Melaka buscando un sitio más tranquilo.

Son semanas de intenso trabajo para sacar adelante el blog y en Melaka no se está nada mal.

Si no fuese porque llevamos aqui 4 noches, y ninguna hemos podido dormir…

Como la habitación que tenemos está abierta por arriba, todos los mosquitos de la ciudad se vienen a dormir con nosotros.

La primera noche intentamos dormir con una sola mosquitera.

Mosquitera pensada para cama individual, que intentamos poner en cama de matrimonio.

Como quedaba pequeña, las piernas tocaban la tela.

Pues con la mosquitera puesta y todo, los mosquitos consiguieron acribillarnos de lo lindo.

Así que la primera noche no hubo dios que durmiese.

«Si el desayuno es malo, mañana mismo buscamos otro lugar», pensamos.

Pero el desayuno fue bastante bueno.

Tim, el dueño del hostal, es un apasionado de la cocina.

Todo lo que hace le sale riquísimo.

Te trata genial y te hace sentir como en casa.

Con lo cual, a pesar de los mosquitos, decidimos quedarnos con Tim.

Que no puso ningún impedimento cuando le hicimos la comida el primer día.

Ahí tenéis a Tim:

primera comida en Melaka

De raíces chinas pero malayo de nacimiento.

Un mostrenco de tío de 35 años, que te acoge como si fueras de tu familia.

¡Luego entendí porqué era tan majo este muchacho!

Gracias a que nos hemos quedado con Tim, hemos conocido a 3 españoles más.

Silvia, Isaak y Mireia, han hecho que las noches sin dormir hayan merecido la pena.

Aunque yo paso más horas trabajando que socializando, poder socializar en tu idioma siempre es una alivio.

Al menos para mí.

Compramos comida, cocinamos en el hostal, pasamos mucho rato juntos…

Suficiente para hacer de la experiencia algo especial.

 

El problema es cuando el resto de huéspedes deciden quedarse en las zonas comunes hasta las 4 de la mañana.

Las habitaciones abiertas, los suelos de madera vieja y lo fiestera que es la gente, dificultan bastante el descanso.

Durante el viaje, nos habíamos acostumbrado a acostarnos pronto y levantarnos antes del amanecer.

Pero si la gente con la que compartes casa tiene un horario diferente, duermes tarde, mal y nunca.

Creo que 4 noches sin dormir son más que suficientes para decidir buscar otro sitio.

Para que te hagas una idea, ayer a las 4 de la mañana tuve que bajar al salón a pedirles por favor que bajasen el tono.

Y hoy, son ya las 23:30, y aquí están jugando a cartas y bebiendo cerveza, sin ninguna intención de meterse en la cama.

Así que voy a estar escribiendo hasta que esta gente se canse de jugar y de beber.

¿Para qué me voy a ir a dormir si no voy a poder?

Y es en estos momentos, cuando empiezas a delirar…

Piensas cosas como:

¿Por qué no se quedan todos mudos hasta dentro de una semana?

En realidad lo que pienso es mucho peor…no se puede decir.

Con todo el cariño que te queda cuando sabes que hoy, tampoco vas a dormir.

Silvia e Isaak, que se alojan en el hostal de al lado, nos han ofrecido un hueco en su cama.

¡Más majos que las pesetas!

Y en este delirio en que me encuentro, ya no descarto nada.

Pero parece que me estuvieran escuchando y, mientras escribo estas líneas, parece que la fiesta empieza a disolverse…

Ahhhhh no, se están levantando para acabar con el cargamento de pasta que han hecho para comer.

¡A eso si me apunto!

Cenamos, charlamos un rato más y ahí es cuando me entero de que ¡Tim cumple los años el mismo día que yo!

¡Por eso es tan majo!

Es un géminis agradable, detallista, alegre y simpático, igualito igualito que yo ?

¿Cómo le digo ahora que estoy deseando que llegue mañana para largarme?…

¡Va!…a ver cómo pasamos la noche y mañana lo decidimos…otra vez.

Poco después de acabar con la pasta, parece que todo el mundo se va a la camita.

¡No puedo ser más feliz!

Aunque temo que, dos chicos nuevos que han llegado hoy y van a dormir justo al lado, ronquen como osos.

Abro los ojitos…miro el móvil…son las 7:30 de la mañana…

¡No me lo puedo creer!

¡He conseguido dormir del tirón, después de tantas noches en vela!

¡Unas 6 horitas «pa mi body»!

¡Ole y ole!

Vale, nos quedamos.

Le vamos a pedir a Tim que nos deje cambiarnos al piso de arriba que seguro que hay menos ruido.

Y además, es que estos desayunos no son normales.

 

Lo que tampoco son normales son los tuk-tuks de Melaka…

¡Una fiesta!

 

Habrá que subirse algún día, sólo por vivir la experiencia.

El caso es que en el hostal hemos acabado haciendo un grupete de gente muy majo.

Ayer salimos a cenar todos juntos: Silvia, Isaak y nosotros, un alemán, una pareja austríaca, dos chavales de Dinamarca y Tim.

Luego, mientras yo trabajaba hasta altas horas de la noche, los demás jugaban a cartas y a beber cerveza.

A pesar de que aquí la cerveza está bastante cara

Precisamente esta semana y la que viene, que es cuando más concentración necesito, estamos rodeados de gente.

Hoy ya me he saturado un poco. Necesitaba un rato de soledad.

Se han ido a comer todos juntos pero yo he preferido comer en casa.

Solita, tranquila.

Pero si lo llego a saber me voy con ellos.

Manu ha pensado que era muy buena idea gastarse casi 7 euros en una hamburguesa y es probable que conmigo delante se hubiese gastado menos, jeje.

Se han ido a un restaurante demasiado caro y claro, a ver quién se resistía a comerse una buena hamburguesa.

El pobre mío…

Y contra todo pronóstico, hoy hemos sido los últimos en acostarnos.

Mañana hemos quedado en hacer comida juntos y se quieren levantar temprano para ir al mercado.

¡Bien!

¡A la camita todo el mundo!

A mí aún me quedaban algunas cosas que hacer cuando esta gente se acostaba.

Pero a pesar de eso, he dormido muy bien por segunda noche consecutiva.

He conseguido levantarme temprano para ir a caminar, ¡justo el día que llueve a cántaros!

Pensé que serían unas gotitas y me he ido igualmente.

Pero cuando la cosa se ha puesto chunga, me he tenido que poner bajo techo a esperar que pasase la tormenta.

Aún así, el paseo me ha sentado de maravilla.

Después, desayunaco de Tim y un poquito de trabajo.

Sólo un poco, ¡eh!

Ayer se me dió bien y hoy me lo voy a tomar con más calma.

Pasado el medio día, Manu y yo nos vamos a buscar un supermercado.

Queremos compar algunas cosillas y darnos una vuelta, solos.

Que el único rato de intimidad que tenemos es cuando nos vamos a dormir. Muertos de esperar a que los demás hagan lo mismo.

Sin embargo, toda esta gente es encantadora.

Cuesta no cogerles cariño.

Y, aunque en muchos momentos necesito estar sola porque es una cosa que me gusta mucho, si la gente que rodea es así de genial siempre merece la pena.

Ayer me escribía una amiga. Me daba ánimos porque sabe que lo de ir de mochilera no es siempre color de rosa.

¡Hay días de mierda!

Días de esos en que si estuvieras en tu casa, te encerrabas a ver pelis y a comer chocolate.

¡Y no puedes!

Días en que pasas hambre, ¡claro que pasas hambre!

Tienes un presupuesto del que no te quieres salir y en cuanto te sales lo quieres recuperar quitándotelo de comer.

Hay días de todos…

¿Pero me puedo quejar yo de tener días en los que no puedo estar sola o me quedo con hambre?

Creo que hay gente con verdaderos problemas para quejarme por estas cosas.

Porque, al igual que pasaría si estuviese en casa, la mayoría de los días son buenos.

¡Esto es la vida!

TE QUIEROOOOOO

 

 

 

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Acerca de la autora

Tania Carrasco Cesteros

Ayudo a las mujeres a superar sus complejos, a quererse como son y a mejorar la autoestima porque para mí es la base de la verdadera felicidad. Si necesitas adornarte para sentirte segura es que algo no marcha bien. Es el momento de empezar a amarte y construir la vida de tus sueños.

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