Bukit Bintang- Kuala Lumpur

ÚLTIMOS Y APASIONANTES DÍAS EN KUALA LUMPUR

Aunque Kuala Lumpur no es una ciudad que nos haya enamorado, aún nos quedan unos días aquí y pensamos aprovecharlos al máximo.

Cuando llegamos al hotel aún no eran las 7 de la mañana, así que la señorita de la recepción nos dijo que teníamos que esperar hasta las 14:00 para entrar en la habitación.

Con más hambre que los pavos de Manolo, nos vamos en busca de algún sitio para desayunar…

Teniendo en cuenta que son las 7 de la mañana y que no queremos desayunar nada que lleve arroz o noodles, lo tenemos muy complicado. Los únicos restaurantes abiertos a esas horas son los chinos.

Pero no penséis que aquí los chinos trabajan como en España, de sol a sol. Aquí la gran mayoría de los restaurantes chinos abren a las 6 de la mañana pero a las 3 ya han cerrado, para no volver a abrir hasta el día siguiente.

Después de andar y andar y no encontrar nada más que Starbucks y McDonalds como alternativa a la comida china, nos pasamos por el mercado, compramos fruta y nos vamos a esperar al hotel.

Estamos muy cansados y necesitamos reponer energía.

Nos pasamos toda la mañana en la recepción un poco desesperados por poder entrar a la habitación y darnos una ducha. Lo raro es que, aunque no nos daban la habitación, por allí no se veía movimiento de huéspedes.

Si se supone que nuestra habitación tenían que desocuparla otras personas, ¿por dónde habían salido éstas si llevábamos toda la mañana en la entrada del hotel y no habíamos visto salir a nadie?

Pasadas las 14:30, desde las 9 que volvimos de comprar la fruta, nos da por preguntar…

La chica de recepción que nos había atendido cuando llegamos, había hecho el cambio de turno sin comunicar que estábamos esperando habitación. Con lo cual, los recepcionistas que entraron después pensaron que éramos huéspedes aburridos y pasaron de nuestro culo.

No se les ocurrió preguntar por qué demonios llevábamos toda la mañana ahí sentados, medio moribundos.

Para compensar, nos dieron una habitación con ventana…

Hay que decir que a pesar de ese detalle, recomendamos totalmente el hotel Urban Bird de Kuala Lumpur, por su comodidad y limpieza y porque la gente que lo lleva es encantadora. 

Por no hablar del precio…Por 3 euros más de lo que pagábamos en el antro del Razzies guesthouse, tenemos una habitación en un hotel muy apañado.

Aún no entiendo porqué ese sitio está el tercero en tripadvisor…

Cuando por fin nos dan la habitación, cogemos la ducha con mucho gusto y salimos a comer algo, antes de coger la cama con más gusto todavía.

Nos dirigimos al mercado de nuevo, donde habíamos visto un montón de restaurantes, aunque a mi lo único que me pedía el cuerpo era una sopita de verduras.

Acabamos comiéndonos un perolón de sopa de «noodles con cosas» que no habíamos comido antes, en una mesa con bombona de butano incorporada, donde se iba haciendo la comida al mismo tiempo que te la comías.

 

Curioso, bastante rico y caro…Pero nos gustó.

 

Preguntamos si tenían pan chino para mojar en la sopa y el dueño del local nos miró con cara rara…

«¿Pan chino?, eso no existe»

Le explicamos que en España todos los restaurantes chinos sirven una bola con olor a churro que ellos llaman «pan chino» y que sube el colesterol sólo con olerlo.

El señor insiste en que tal cosa no existe ni es típica de la gastronomía china, que posiblemente será un invento para occidentales.

¡Justo lo que nos temíamos!

Llevamos muchos restaurantes chinos recorridos y en ninguno hemos visto el llamado «pan chino»…Seguiremos investigando…

Dormimos como angelitos y nos despertamos con hambre.

Después de comernos unos plátanos, un coco y arroz con cosas, nos vamos caminando al centro en busca de un Kebab.

No es que seamos muy aficionados a los kebab, pero este sitio nos lo habían recomendado nuestros amigos Isaak y Silvia encarecidamente.

El lugar, cerca de chinatown, no es más que un cuartucho donde un muchacho joven hace este tipo de comida, a diestro y siniestro.

 

Lo malo es que cuando alguien te recomienda algo con tanta efusividad, normalmente no te parece para tanto…

Pues en este caso ¡nos pareció increíble!

Pedimos dos kebab diferentes que sabían a gloria bendita. Nos mirábamos con cara de «madre mía que rico está esto», pero no podíamos ni hablar de lo mucho que estábamos disfrutando comiendo.

 

El cocinero, un chico sirio que se gana la vida como puede, es más que reconocido en el sector. Las reseñas en tripadvisor le han hecho famoso y tenemos que decir que está totalmente justificado.

Han sido los mejores kebab que hemos probado nunca.

¡Gracias por la recomendación chicos!

Arab Shawarma, una delicia que no te puedes perder si pasas por Kuala Lumpur.

 

Cuando llegamos a china town, empezó a llover, pero eso no nos impidió disfrutar del paseo. De hecho, volvimos andando también.

Dicen que las mujeres somos malas con la orientación, y yo soy un claro ejemplo de eso, tengo que reconocerlo. Del comentario de que las mujeres somo malas con la orientación, se deduce claramente que los hombres son buenos…

Pero ¿cómo solucionarlo cuando los tópicos no van contigo y ni la mujer ni el hombre atinan ni una?

¿GPS?

No amiga, eso es lo que llevábamos en la mano, el gps.

Pues ni con gps es capaz mi Manué de evitarme unas cuantas vueltas turísiticas por la ciudad…

Incluso a veces le tengo que decir: «Cariño, es por allí…», ¡y acierto y todo!

Los kebab nos dejaron sin hambre, así que con un yogurt para la cena acabó el menú del día.

Otra vez hemos dormido como angelitos…

El día siguiente se sucede como una excursión gastronómica muy interesante. Desde luego, si por algo hay que venir a Malayisa es por la comida.

Antes de irnos al centro de la ciudad en busca de algo de ropa para mi, pasamos al bar del hotel a degustar unos wafles.

Esto de los wafles no es nada asiático y aunque pensamos que serían un tipo de gofre sin más, nos llevamos una gran sorpesa.

El precio nos pareció tan caro que sólo pedimos uno para comprartir, el recomendado por el chef. Cuando lo trajeron…¡parecía una obra de arte!

No pude hacer ninguna foto porque cuando nos quisimos dar cuenta ya lo habíamos engullido…¡exquisito se me queda corto! 

La masa era dulce pero el relleno salado, tenía como capas muy finas de atún por encima y una salsa parecida a la mostaza adornando el pastelito. Una cosa muy rara y deliciosa.

Con el estómago lleno, nos vamos caminando al centro, sin paraguas, justo el día que más diluvia. La zona concreta se llama Bukit Bintang y se supone que es la zona «bien» de esta ciudad.

Después de darme unas cuantas vueltas por las tiendas más molonas de Kuala Lumpur, desisto de comprarme nada porque o yo me he vuelto muy clásica o aquí hasta al de Zara se le ha ido la pelota.

Me ha parecido relevante, aunque tampoco puedo adjuntar docmento gráfico, que al igual que están de moda los sujetadores con relleno, lo que más se lleva aquí son las bragas con relleno de culo.

Pero unos culos impresionantes eh. Ay si estoy se hubiese inventado antes a más de una amiga mía le hubiese cambiado la vida en su adolescencia.

Llueve tantísimo que nos sentamos en unas escleras a esperar a ver si se calma un poco la tormenta. Nada más apoyar el culete, un guardia de seguridad se acerca a prohibirnos que nos quedemos allí sentados.

Bukit Bintang- Kuala Lumpur

En ese momento, un señor que había de pie justo a nuestro lado, empieza a meterse con el guarda en nuestra defensa y exige hablar con el responsable del centro comercial.

La verdad que nos pareció totalmente ridículo, con la que estaba cayendo, que te puedas quedar allí de pie a echar el día pero no puedas apoyar el culete en esas mismas escaleras.

Al final no pasó nada y acabamos haciándonos todos amigos. El muchacho era un simple trabajador nepalí, con el cariño que le hemos cogido a ese país, y tampoco creo que lo hiciese a malas el pobre.

En realidad fue un día estupendo, me sentí como en casa, muy integrada…

 

Ya llevábamos unas horas caminando de un lado a otro, entre centro comercial y centro comercial, cuando decidimos coger el metro de vuelta.

Vamos a cenar y reflexionar…

Nos estamos planteando una cuestión de vida o muerte…

Llevamos todo el día preguntando en diferentes peluquerías con la intención de hacernos algún cambio y…puede que mañana se al gran día.

¿Me lo tiño de azul? ¿Me lo rizo tipo Nina de OT? ¿Rapamos a Manué?

Se aceptan sugerencias ?

UN ABRAZACOOOOO

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Acerca de la autora

Tania Carrasco Cesteros

Ayudo a las mujeres a superar sus complejos, a quererse como son y a mejorar la autoestima porque para mí es la base de la verdadera felicidad. Si necesitas adornarte para sentirte segura es que algo no marcha bien. Es el momento de empezar a amarte y construir la vida de tus sueños.

Interacciones del lector

Comentarios

    • Tania Carrasco Cesteros dice

      Jajajajaj es una opción que tendré en consideración para la próxima vez. Esta vez ya está la suerte echada y mañana os lo mostraré, jejeje. No estamos mal de color, y lo que nos quede. Lo peor va a ser superar el hecho de no volver a probar esos kebabs. OTRO ABRAZO PARA TI

  1. Laura dice

    Jajajaj! Fácil, siempre he querido pintarme el pelo de ese color, como la mamá de Miguel Bosé, pero nunca he tenido el valor suficiente ni he encontrado una peluquería que me lo hiciese… a lo más fue una vez que me lo pinté de color violín y otra que me lo pinté de rojo y negro ?. Estoy deseando verte! Seguro que estás guapísima! ??un besaco gordo gordo!

    • Tania Carrasco Cesteros dice

      La madre de Miguel Bosé es un referente en cualquier peluquería seguro, jajajajaj. Hace muchos, muchos años, fui a la pelu a ponerme mechas azules sin consentimiento paterno y siendo bastante canija. El resultado fueron dos mechones azules enormes por delante, imposibles de disimular. Mi madre, que casi siempre estaba al tanto de todas las locuras que se me ocurrían, creo que no era del todo consciente del resultado. Cuando volví a casa para cenar y mi madre me vio, me dijo: «anda ponte una gorra que como te vea tu padre…». Así que allí me tenías, cenando con gorra, yo que nunca me ponía nada en la cabeza para no despeinarme. Mis hermanas, que son muy jodias y algo intuían, empezaron a decir: «pero qué haces cenando con la gorra, por qué no te la quitas…» y mi padre empezó a sospechar. Cuando me obligó a quitarme la gorra y me vio la cabeza, me ordenó inmediatamente que volviese a pedir cita con el peluquero y me quitase las mechas azules tan estupendas que me había puesto. Casualmente, para quien crea en la casualidad, el peluquero se iba de curso para unos cuantos días. Para cuando volvió, a mi padre ya se le había pasado el cabreo y mis mechas iban dejando de ser azules: pasaron a ser verdes, luego amarillas y luego de un color entre rubio y gris que no había por dónde cogerlo, jejejej

  2. Verónica Sevilla dice

    Me acuerdo de tus mechas azules ? madre mía cómo pasa el tiempo. Me gustaría verte con el pelo morado ? morena mía ? ??

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