Mezquita en George Town

ÚLTIMOS DÍAS DE SOLEDAD EN GEORGE TOWN

Ya no queda nada para que vuelva Manué y podamos disfrutar juntos de George Town. No veo la hora. ¿Cómo le habrá ido? Estoy ansiosa por saberlo.

DÍA 8 Y 9 SIN MANUÉ

El octavo día sin Manué me levanté rara y me fui a desayunar a un sitio diferente del habitual. Juraría que me pusieron algo en mal estado porque nada más terminar me empecé a encontrar mareosa.

Esos detalles en mi, son suficientes para que me quede quietecita en casa. Soy de tensión baja, hace muuuuucho calor y si encima me he comido un huevo malo la podemos liar seria.

Le echo la culpa al huevo porque cada vez que paso por algún «establecimiento» y veo los huevos en la calle, todo el día, con la que está cayendo, pienso: «si lo raro es que no estemos todos malos».

El caso es que me he pasado el día perreando porque no me encontraba bien.

Pero el noveno día es otra cosa. He dormido chachi pilongui y me voy a dar un paseo por la ciudad.

Pensaba que ya lo había visto todo, pero nada más lejos de la realidad. Me he encontrado con cosas como esta, que es el templo hindú más bonito que he visto en todo el viaje.

Uno de los principales reclamos de George Town.

 

Tú no lo puedes apreciar porque la luz no es la más adecuada, pero tiene tanto color, tanta precisión en las formas, tanta belleza…que me he tenido que parar a contemplarlo un rato.

No me puede parecer más encantadora esta ciudad en lo que ha mezcla cultural se refiere.

Mezquita en George Town

Es cierto que hace unos días, Silvia, Isaak y yo renegábamos juntos de este lugar. Si es que teníamos muchas ganas de irnos a la playa…Pero cuantos más días paso aquí, más me doy cuenta de que la echaré de menos.

La comida malaya es espectacular. Sobre todo cuando no te ponen huevos en mal estado.

Hay tanta variedad que nunca sabes lo que estás pidiendo ni si es comida india, malaya, china, vietnamita, occidental o qué narices es. Hay tanto donde elegir que nos iremos sin haber probado casi nada.

Por no hablar de lo pintoresco que resulta pasar del barrio árabe, al barrio indio y luego al chino, o de repente encontrarte en una zona que te recuerda más a Europa que a cualquier otro sitio.

Todo eso hace que esta ciudad esté llena de color. El rojo y amarillo propio de los chinos, toda la gama de fosforitos que usan las hindúes en sus vestimentas, las árabes con sus pañuelos a juego con sus jerseys de punto…

Sí, aquí, mientras yo que soy la persona más friolera del mundo mundial se muere de calor, las señoras musulmanas llevan jerseys de punto, además del velo y los pantalones largos.

Que alguien me lo explique.

Bueno, ya pregunto yo. He ido a desayunar otra vez con mi amiga musulmana y he aprovechado.

Si hay una cosa que no soporto en esta vida es que alguien me de conversación mientras estoy comiendo sola. Si quiero conversación, pues como acompañada. Pero por favor, si me veis comiendo sola, es porque quiero comer sola.

Esta señora, me ha debido echar de menos y, cuando he llegado no me ha dejado tranquila nada más que en el momento en que ha tenido que ir a freírme los huevos.

Pero no te pienses que ese rato que ella se ha marchado he podido estar tranquila. No. Cuando ella se ha ido a freírme los huevos, ya se ha encargado de entretenerme su marido.

Muy simpático, eso si es verdad, después de repetirme aquello que ya me había dicho su mujer de que me parezco a Michelle Rodríguez, me ha sometido a un cuestionario improvisado.

Quería saber mi edad, por qué estaba sola, de dónde era, si estaba casada, si tenía hijos…Y luego, después de echarme 20 años, que no ha estado mal, se ha empeñado en que yo jugase al mismo juego con él y con un amigo que había en frente.

El amigo, al que yo lo hubiese echado 50 y muchos cuando se ha dado la vuelta, tenía 69 y era profesor de yoga. Como ha visto que lo mirábamos y sonreíamos, se ha acercado.

Era un señor mayor con un aspecto muy moderno y jovial. Un profesor de yoga, taichi y chikung, de los que se ven en las pelis. Con su ropa de yogui, sus collares y su sonrisa desdentada.

Le he debido caer bien y me ha invitado a su casa del árbol.

Es cierto que siempre he querido tener una casa en un árbol, como toda niña que se precie, pero de ahí a ir a conocer la casa del árbol de un señor que acabo de conocer…Me ha dicho mi madre que no me vaya con desconocidos.

Me ha estado contando las cosas que hacía y lo bien que se lo pasaba, y yo intentando sonreír al mismo tiempo que me comía los huevos…

Cuando el yogui se ha marchado, mi amiga ha retomado la conversación donde la habíamos dejado.

Me ha enseñado la foto de sus tres niñas preciosas, me ha contado lo cansada que está, que a ella no le gusta cocinar y no entiende cómo a la gente le gusta lo que cocina, que necesita hacer ejercicio porque antes de embarazarse pesaba menos…

Y así una larga conversación que ha durado un buen rato.

Si, si, si me encanta que la gente me hable y me cuente cosas. Pero que esas mismas cosas me las pueden contar cuando haya terminado de desayunar, ¿no?

De todas formas, que me cuenten cosas mientras desayuno no me importa, si se trata de un monólogo. Ahora, si me haces participar de la conversación, tenemos un problema.

Porque mientras mastico y te respondo, estoy pensando en las mil maneras que se me ocurren de asesinarte. Y eso ya no es tan chupi.

Pero en el fondo, aunque no haya podido dar ni un bocado tranquila, ha estado bien. Mañana volveré con Manué y así le conocen y nos hacemos una foto todos juntos.

No me puede caer mal la gente que me dice que me parezco a Michelle Rodríguez cuando llevo estas pintas de mochilera pordiosera. Eso es un gran punto a su favor. Veo que entienden de márketing.

De vuelta a casa, me he encontrado con esto en una pared…

 

¡Me encantan estos murales!

El resto del día me lo he pasado escribiendo…cuál ha sido mi sorpresa cuando de repente ¡recibo un wasap de Manué!

En su último día de retiro le habían devuelto el móvil y he podido hablar con él largo rato.

No me lo esperaba y por eso ha sido doble alegría.

Se me ha debido quedar una cara de tonta…

Lejos de lo que me había imaginado, está muy contento con su retiro y lo ha disfrutado mucho.

Dice que ahora come menos…Eso no sé yo si creérmelo…Mañana lo comprobaré y te lo cuento.

MANUÉ YA ESTÁ AQUÍ

¡No quepo en mi de gozo!

Parece que fuese el día de Reyes y que tuviese 5 años.

Creo que todas las cosas que vamos a hacer hoy no te las voy a poder contar.

Pero las que sean aptas para todos los públicos te las cuento sin problema, ¿vale Almudena?

Sobre las 10:50 de la mañana, alguien me llama desde la calle: «Tania, Tania», pensando que estaría esperándole desde el cuarto, cuando ya llevaba media hora pegada a la puerta de entrada.

¡Qué ilusión cuando he visto aparecer a mi naúfrado!

Menudas pintas tenemos los dos…

 

Ha sido un día muy raro porque parecía que llevábamos meses sin vernos. Teníamos mil millones de cosas que contarnos, no hemos parado de hablar ni un momento.

He querido llevarle a comer a un lugar que encontré hace unos días y que me gustó mucho, pero al llegar ya estaba cerrado.

Así que a la vuelta, en un Centro Comercial que hay muy cerca de donde nos alojamos pero que no conocíamos, paramos a comer en un sitio con pinta de caro.

Pues no sólo no era caro, sino que estaba todo súper bueno y ninguna de los platos que hemos elegido los habíamos probado antes.

 

Después de comer, hemos pasado al centro comercial en busca de crema hidratante para mi gepeto y nos hemos llevado una sorpresa…

Eso no era un centro comercial, era una especie de parque temático lleno de dinosaurios, superhéroes y restaurantes de todo tipo.

 

No he podido resistirme a fotografiarme con una réplica del hombre más alto del mundo. En principio, estaba prohibido acercarse. De hecho, tienen al hombre abandonado en una esquina a la que no se accede fácilmente.

A Manu le ha debido hacer gracia fotografiar al retaco de su novia al lado de ese señor, y le ha preguntado al guardia si nos dejaba hacernos una foto.

Para mi sorpresa, el señor guardia de seguridad nos ha dejado levantar la barrera que impedía que la gente pudiese acercarse a este señor, y hemos podido hacer la foto sin problema.

Pero lo mejor que hemos encontrado en ese «Centro Comercial» ha sido a este señor. Ahí, durmiendo, ajeno a dinosaurios, chiquillos gritando por todos lados, padres corriendo detrás de los chiquillos, y gente indiscreta haciéndole fotos…

 

Pero él estaba tan tranquilo…»Que hable el mundo que yo me quedo aquí tan a gusto».

Manu ha vuelto muy contento, muy tranquilo y muy flaco. De hecho, se ha notado bastante que su estómago no es el de antes. Al final va a ser verdad que come menos.

Ahora tengo que ayudarle yo a él a terminarse su comida.

Además, está radiante, como si viniese de un balnerio. Con ganas de volver a repetir en cuanto pueda, y llevarme con él.

Después de pasarnos el día paseando y charlando, compramos un poco de fruta y para casa. Mañana iremos a sacar el visado para Indonesia y le enseñaré todas las cosas que he ido descubriendo de esta ciudad.

¡Hoy sí que voy a dormir bien!

UN BESAZO MOCHITER@

 

 

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Acerca de la autora

Tania Carrasco Cesteros

Ayudo a las mujeres a superar sus complejos, a quererse como son y a mejorar la autoestima porque para mí es la base de la verdadera felicidad. Si necesitas adornarte para sentirte segura es que algo no marcha bien. Es el momento de empezar a amarte y construir la vida de tus sueños.

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