Turismo en chiangmai

TURISMO EN CHIANGMAI…Y MUCHOS CHINCHES

Ya nos tocaba hacer turismo por Chiangmai. Hay mucho bueno pero que te coman los chinches creo que no entra dentro de esa descripción.

Hemos tenido algunos problemillas…

Hace unos días, el primer día que nos cambiaron de habitación, descubrí un bichito en la cama.

Estaba yo leyendo y ví que algo pequeñito se movía.

Como no soy de matar animales (a no ser que sean mosquitos), le dí con el dedo para que bajase de la cama y seguí leyendo.

Al rato, volvió a subir. Le dí de nuevo…y repetimos la operación alguna vez más.

Me olvidé del bichito porque no lo volví a ver.

A la mañana siguiente, Manu me comunica que no ha podido dormir. Estaba inquieto.

De repente, empezó a descubrirse picaduras por todo el cuerpo: brazos, piernas, pies, espalda…

Picaduras que no eran como las de los mosquitos y que además picaban muchísimo más.

¡Entonce me acordé de aquel simpático bichito!

¡Era un chinche!

Revisamos la cama hasta que lo encontramos muerto y espachurrado.

Después de dejar a Manu sin sangre, se quedaría dormido con el atracón y murió aplastado por su víctima. Que era exactamente lo que se merecía.

A pesar de la gran cantidad de picaduras, consideramos el hecho como algo aislado y continuamos con nuestra vida.

Intenté convencer a Manu de que era muy poco probable que hubiese más, y me creyó.

Hicimos vida normal y…al día siguiente, al ir a coger mi ropa del armario para vestirme…¡otro chinche!

«¡Manu, Manu, aquí hay otro chinche!»

Manu salta de la cama, yo cojo el vestido con cuidado y entre los dos acabamos con él.

¡Para qué queremos más!

Nos ponemos a leer en Internet y nos volvemos locos buscando el supuesto foco de chiches que pensábamos que había en la habitación.

Revisamos colchones, sábanas, armarios, prenda por prenda toda la ropa, dentro de la mochila, por los muebles…

¡Media mañana nos hemos pasado buscando chinches!

Aunque no hemos encontrado ninguno más, hemos creído conveniente comunicarlo para que nos limpiasen la habitación.

Hemos leído que los chinches no tienen nada que ver con la higiene. De hecho, en este hostal la cuidan bastante y lo limpian todo mucho.

Pueden venir contigo de algún otro sitio y reproducirse en su nuevo hogar.

Así que no hay forma alguna de tomar precauciones.

Lo único que puedes hacer es rezar para no encontrarte con ellos, y en caso de encontrarte que no te piquen, como me ha pasado a mí.

Otra cosa muy divertida que hemos descubierto sobre los chinches, es que las picaduras pueden salir trascurridos unos días.

Ahora mismo lo que Manu tiene afectado son pies, piernas, brazos y espalda, pero quién sabe si dentro de unos días no le saldrán también ronchitas por la cara.

Ese pensamiento le tiene muy entretenido.

A mí me hace gracia pensar que voy a empezar a ser la guapa de la pareja ?

Como yo siempre le busco el porqué a las cosas «malas» que pasan, siempre creo que «pasan por algo», esta vez no iba a ser diferente.

Revisando nuestras pertenencias en busca de chinches, hemos encontrado la tarjeta sim del móvil de Manu, que pensábamos que estaba en la basura.

El hecho de que estuviese en la basura, suponía que había perdido todos sus contactos y además era la tarjeta asociada a la cuenta bancaria que tenemos para el viaje.

Debido a esto, nos habíamos quedado sin poder hacer operaciones por internet, porque para ello necesitábamos un código que te mandan al móvil.

Gracias a los chinches, hemos recuperado la tarjeta y la libertad de hacer operaciones bancarias por internet sin problema.

Superado el trance, bajamos a pagar a la casera la primera semana de nuestra estancia en el hostal de los chinches.

Como ya te conté, decidimos quedarnos aquí porque la oferta era muy buena.

La habitación, que cuesta 400 bats/noche, nos la dejaban por 300. Y la bici que usa Manu todos los días para ir a su curso cuesta 50 bats/día, y nos la dejaban por 30.

Una rebaja considerable, en comparación con todos los sitios en los que habíamos preguntado.

¡Nos sale la noche por 330 bats, con vehículo incluído!

Hacemos la cuenta, para llevar el dinero justo, y bajamos a pagar.

¡Nos dice la señora que 380 la noche! ¡Que la habitación son 350!

A ver…al final la vamos a liar y vamos a hacer contigo lo mismo que con los chinches…

«No, no, usted nos dijo que la habitación nos la dejaba por 300 y la bici por 30».

«¡No puede ser!», dice.

¡Claro que puede ser, y será!

Aunque no se nos notó, nos pusimos un poco nerviosos.

Enseguida, la señora se resignó e hizo la cuenta como habíamos acordado desde un principio.

No puso demasiadas pegas y la cosa quedó ahí.

Hay que andarse con un ojo…

¡Pelillos a la mar que hoy toca turismo por Chiangmai! 

Cambiamos la bici por una moto y esperamos que no nos llueva.

El tiempo lleva revuelto varios días y hoy ha amanecido igual.

De todos modos, hemos decidido coger la moto porque al final nos vamos de Chiangmai y no hemos visto casi nada.

Nos han recomendado varias cosas pero nos decantamos por ver el templo más famoso y un jardín donde crían orquídeas y mariposas.

La verdad es que estamos un poco cansados de ver templos.

¡¿Si en España no piso una iglesia por qué aquí me estoy recorriendo todos los templos del continente?!

Lo veo un poco absurdo, la verdad.

Al principio es divertido, que si los budas, que si los dioses con trompa de elefante, que si las entradas que tienes que pagar cada vez que visitas un sitio de estos, etc.

Pero…¿cómo no vas a visitar los templos más famosos ya que estás aquí?

¿No es eso lo que se dice?

Camino al templo, nos topamos con un mirador donde se paraban muchos turistas.

Para no ser menos, aparcamos la moto e inspeccionamos la zona.

Sin comerlo ni beberlo, encontramos un paraje maravilloso de cascadas y senderos verdes, que para nada entraba en nuestros planes.

 

Mucho mejor que cualquier templo.

¡Para mí, claro!

Que no digo que los templos no sean bonitos ni nada parecido, pero que hoy he visto el último templo que tenía que ver, «and point».

Disfruto mucho más viendo orquídeas y mariposas, ¿qué le voy a hacer?

 

El templo de hoy, y último templo que tenemos previsto visitar hasta que se nos olvide, se llama Doi Suthep.

Nada más llegar, el medio kilómetro de escaleras hacía que te diesen ganas de darte la vuelta.

 

Esta es la cara que se te queda cuando ya has acabado de subir:

 

Lo mejor que tenía el templo eran las vistas, pero como hoy estaba muy nublado, ¡no se veía un pimiento!

Así que no hemos tardado mucho en enfilar el camino de vuelta y marcharnos al jardín de orquídeas y mariposas.

Este sitio me lo recomendó el amigo italiano que hice en el hostal en ausencia de Manué.

Me dijo que no era un sitio muy conocido pero que la entrada era muy barata (40 bats) y que merecía mucho la pena.

La niebla que no nos había permitido ver las vistas desde el templo, duró lo que tardamos en coger la moto y alejarnos de allí.

¡Qué maja la niebla!

Al llegar a la puerta del jardín, la señorita de la entrada nos dice que son 100 bats.

¡Pero si mi amigo me dijo que eran 40!

¡A ver si nos vamos a estar confundiendo de jardín!

«¿Aquí hay mariposas?», preguntamos.

«No», nos dice la señorita, «no es temporada».

Hace unos días cuando estuvo mi amigo sí había mariposas ¿y ahora no es temporada?

¡Nos hemos confundido de sitio!

Efectivamente. Lo comprobamos con el móvil y el sitio al que queríamos ir nos lo habíamos pasado.

Vuelta para atrás.

Sabemos que esta vez estamos en el sitio adecuado cuando preguntamos por la entrada y nos dicen que 40.

¡Ya nos vamos entendiendo!

La muchacha muy maja nos pincha una orquídea en la camiseta y nos dice: «tiket».

Esa es la prueba de que hemos pagado nuestra entrada.

¡Qué original!

La visita ha sido preciosa.

Montones de orquídeas de todos los colores decoraban el jardín.

 

Sí, ya va tocando ponerse la cinta del pelo porque lo tengo ingobernable ?

Aunque el jardín no era muy grande, estaba muy bien cuidado.

Pero en realidad, lo que más ilusión nos hacía eran las mariposas.

Caminando un poco, encontramos su escondite.

Detrás de unas cortinas de plástico, que impedían la huida de estos hermosos seres, te encontrabas con otro mundo.

Entrabas a un jardín muy pequeñito pero lleno de vegetación y miles de mariposas.

Volaban por allí rozando a los visitantes curiosos y dejándose fotografiar como si fuesen modelos de pasarela.

Majestuosas, preciosas, podría parecer que vivían felices.

Entonces nos hemos acordado de la que nos ha dicho que no era temporada de mariposas.

Seguro que quería decir: «Aquí sólo hay orquídeas y vale más del doble que el de las mariposas, pero como sois muy tontos, si cuela lo de que no es temporada, me llevo 100 bats».

¡Pues no ha colao listilla!

No llevábamos allí más de unos segundos cuando una de las mariposas se me posa encima.

¡Qué momento más bonito!

Me he quedado quieta para no asustarla y que se quedase conmigo el máximo tiempo posible.

Creo que nunca he tenido una mariposa sobre mí de esa manera.

Repartidos por el jardín, trozos de plátano y piña provocaban un olor extraño.

Pero a las mariposas les debe gustar mucho porque lo ponen para ellas.

 

Puedes ver cómo pasan de posarse en las flores a posarse en los plátanos, sin ninguna discriminación.

¿Habías visto alguna vez una mariposa comiendo bananas?

Al ratito, varias mariposas más se han acerdado a posarse sobre mí.

¡Ha sido precioso! ?

Pero de repente, ha debido de llegar un bus con una de estas excursiones preparadas y aquello se ha llenado de gente.

Como ya no se podía estar allí, hemos vuelto a visitar a las orquídeas, esperando el momento para volver con las mariposas.

Intuía que Manu estaba triste porque a él no se le había posado ninguna.

Así que, ¡yo no me marcho de aquí sin que se cumpla su deseo!

Pasados unos minutos, volvemos.

Nos cuesta un poco pero al final ¡llegó el momento!

Una preciosa mariposa se posa en la mano de Manu, que ya se queda más tranquilo.

Sin embargo, es en esta segunda visita a las mariposas cuando nos damos cuenta de una cosa muy fea.

Como las tienen recluídas con una especia de techo de rejilla, algunas quedan atrapadas y no pueden volver al jardín.

Si te fijas un poco, descubres un montón de mariposas muertas, porque no han conseguido salir de la rejilla.

Ese descubrimiento ha sido muy triste…

Ya que tienes a las mariposas en cautividad para el disfrute de los turistas, qué menos que hagas lo posible para que tengan una buena vida. Unas condiciones mínimas de libertad y seguridad…

No sé, me ha dado mucho que pensar…

Lo que no quita que tener a las mariposas jugando conmigo no haya sido precioso.

La miraba mientras me daban con su trompita en el dedo y podía ver cómo me dejaban unas gotitas minúsculas, como si me estuviesen lamiendo.

Tenían un color y un tamaño espectacular.

Terminado el paseo entre mariposas y orquídeas, hemos ido a comer a un indio.

Llevábamos mucho tiempo con ganas de volver a probar esa fabulosa comida y no nos decidíamos.

Lo que en India es la comida más barata, aquí cuesta 6 veces más.

¡Menos mal que hemos ido!

Hemos podido degustar otra vez aquellos manjares que tantas veces recordamos, mientras babeamos.

¡Qué delicia!

Una de las cosas que más nos han gustado del viaje, de momento, la comida de India.

¡Y nada de lo que hemos comido hoy llevaba arroz! ?

Cambiando totalmente de tercio, hemos acabado la tarde en un centro comercial.

Estamos buscando una colchoneta para cuando hacemos ejercicio en el suelo y no la encontramos por ninguna parte.

En el centro comercial me he sentido como un bicho raro.

Allí no había mochileros ni gente vestida con botas de montaña, como nosotros.

Al llegar a la tienda de deportes y ver el precio de las colchonetas, también nos hemos sentido pobres.

¿¿¡Pero el sitio más caro de Asia no era Sri Lanka!??

En algún momento de los preparativos del viaje hemos debido mezclar informaciones…

Que no es que seamos pobres, es que ahora tenemos mentalidad de mochileros y no nos da la gana malgastar el dinero.

¡De momento!

Luego nos piden un ojo de la cara por tirarnos en cometa gigante ¡y lo hacemos sin pensarlo!

Cuestión de prioridades que se llama…

Otra cosa que nos ha sorprendido es que los centros comerciales aquí tienen párkings gigantes, sólo para motos.

¡Nunca había visto tanta scooter junta!

Paseando por el centro comercial, hemos descubierto un supermercado.

Pensábamos que aquí con los mercadillos lo arreglaban todo, pero no.

Ha sido un buen descubrimiento porque hemos podido comprar yogures para cenar y alguna cosilla más, relacionada con el mundo femenino.

Encontrarnos por sopresa con productos españoles, nos ha llenado de alegría.

paquete de chorizo

No hemos podido comprar ninguno porque hubiésemos tenido que empeñar un riñón, pero les hemos hecho fotos para que lo veas.

Sin embargo, tengo que reconocer, sin lugar a dudas, que el mejor momento de todos, el momento del día que me ha acelerado el pulso, el acontecimiento que me ha hecho dar saltos de alegría, el suceso que más me ha conmovido…ha sido encontrarme de nuevo con ¡mis queridas galletas de jengibre!

¡Cuánto tiempo que no las veía!

Me parece que hace años que no las saboreo.

¿Qué voy a hacer cuándo vuelva a España si no tengo dónde comprarlas?

Lo que no habíamos querido emplear en comprar la colchoneta, lo gastamos en comprar galletas, chocolate, yogures, miel y plátanos.

Son productos menos duraderos pero que seguro que disfrutamos más.

Cuando volvemos al hostal, nos llevamos una gran alegría al comprobar que nos han limpiado la habitación de arriba abajo.

Nos han cambiado las sábanas y han echado un producto para eliminar los chinches que hará que esta noche durmamos mucho más tranquilos.

¡Ilusa de mí!

¿BUENAS NOCHES?

 

 

 

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Acerca de la autora

Tania Carrasco Cesteros

Ayudo a las mujeres a superar sus complejos, a quererse como son y a mejorar la autoestima porque para mí es la base de la verdadera felicidad. Si necesitas adornarte para sentirte segura es que algo no marcha bien. Es el momento de empezar a amarte y construir la vida de tus sueños.

Interacciones del lector

Comments

  1. Como aficionada a los mariposarios me alegro mucho que lo hayas disfrutado. En el de Benalmádena no te dejan tocarlas pero en del Parque de las Ciencias de Granada si pude dejar que se posaran. Es alucinante sentir como algo tan frágil y tan bonito confía en ti.
    Y lo de los bichitos ánimo, a ver si no aparecen más picaduras!!
    Un beso!!

    • Me acordé mucho de tí estando con las mariposas. El primer contacto que tuve con ellas fue a través de un vídeo tuyo que me pareció alucinante. Mucho más bonitas que los chinches, jajjaja. UN BESAZO

  2. Ese buda lo tengo es «igualito» al de mi salón ,aunque con las manos en diferente posición, leí que dependiendo de la posición de las manos significa una cosa(corrígeme si me equivoco ahora que sabes más de ellos) por cierto preciosas las orquídeas me encantan,un beso a ambos!!!!

    • Si, la posición de las manos se llama «mudra», y en función de cuál sea el significado es diferente. Que sepas que aquí en Thailandia están muy enfadados con eso de que para nosotros el Buda sea un elemento decorativo. Yo en su lugar estaría muy orgullosa. Esta gente es muy rara, jejej. UN ABRAZO CARIÑO, GRACIAS POR ESCRIBIRME

  3. Cuando te fuiste, busqué por todo el cuarto de baño de casa por si te habías dejado la diadema que te regalé que tan requetebién queda…esa con la que sales en las fotos si…. no importa! Tu le vas a dar mucho más uso!!!???. Loveeeee uuuuuu chacha!

    • Jajajajaajajajajaj, si conocieses a tu heramana, ya sabía antes de irse que la iba a necesitar. Y esa diadema es precisamente el único elemento decorativo que se ha llevado para ponerse. Mucho has tardado en intentar quitarme cosas, eh…Hay cosas que nunca cambian ? Love you toooooo

  4. Guapa!!!preciosa descripción de lepidópteros…tengo un problema,t sigo leyendo pero la mitad de las veces no puedo escribirte…no las acepta.????

  5. Me alegro mucho que disfrutes tanto de la naturaleza viva, aunque eso conlleve como has podido comprobar el precio del sacrificio de los mas fragiles, como la orquidea del ticket y de los chinches que sucumbieron a la lucha con Manu.
    A por elloooooooossssssss que son pocos y cobardeesssssss, y pican a traicion con nocturnidad y alevosia.
    Besos desde la cercania digital.

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