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"SOLO EN CASA 4", AHORA EN MALAYSIA

Vamos a protagonizar la cuarta entrega de «Solo en casa». ¡No te la pierdas!

El martes tempranito, se va el escocés.

¡Nos quedamos solos en la casa!

Tenemos un casoplón para nosotros solos, «gratis».

¡No me lo creo!

¿No va a dormir nadie más aquí?

¿Tenemos 4 dormitorios, 3 baños, un salón, una pedazo de cocina y un jardín, para nosotros solos?

¡Venga ya!

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Y a cambio, sólo tenemos que mantener la casa limpia.

Como el escocés lo ha dejado todo bastante decente, a penas tenemos que hacer nada en nuestro primer día.

¡Incrédibol!

La verdad, después de tantos días rodeados de gente, tampoco nos venía mal algo de soledad.

Sobre todo a mi, que necesito plena concentración.

De todos modos, tenemos que cambiar las cosas a la habitación del «servicio», no vaya a venir alguien y nos pille en la de matrimonio.

Así que eso es lo más importante que hacemos hoy.

Salimos a comer y a media tarde nos ponen el mercado en frente de casa.

Compramos huevos y un montón de verdura y fruta, para intentar mejorar esta dieta mochilera que llevamos.

Lo mejor del día no ha sido la cantidad de horas que me he pasado con la tablet…

En uno de esos momentos que estoy escribiendo, presa de la inspiración, un ruido estridente me distrae de mi cometido.

¡Manué ha encontrado una guitarra y ha decidido aporrearla mientras canta por Elvis!

Ay si El Rey levantara la cabeza.

Tengo el vídeo inédito grabado por si lo tengo que utilizar en algún juicio.

Después de desternillarme y de mandárselo a la familia para que sean conscientes del tipo de tortura a la que soy sometida, le insto a que guarde el instrumento.

El papelito con las normas de la casa establece verdaderas fortunas si se rompe algo.

No vayamos a cagarla…

Menos mal que la batería, que ha encontrado en otra de las habitaciones, estaba desmontada.

Si no los vecinos hubiesen tenido que llamar a la policía.

Al caer la noche, intentamos recordar nuestra antigua vida y cenar delante de la tele. Tenemos un pedazo de televisor de pantalla plana con millones de canales.

Cacharreando con los mandos, perdemos el norte. Los canales en inglés desaparecen.

Casi había terminado con la cena cuando Manu aún seguía buscando algo para ver.

¡CSI!

¡Para para para!

¡Vuelve atrás que eso era CSI!

Podías elegir CSI con los subtítulos en malayo (que ni siquiera sé si existe como idioma) o en chino.

Mucho mejor en chino que así no me tengo que molestar en leer nada.

La cena tuvo que ser suave. A pesar de que ayer estuvimos mal de la barriga por haber cenado en un indio, no escarmentamos y ¡volvemos a repetir al medio día!

El restaurante indio, vacío, con peor pinta de todo el barrio…¡pues ahí que nos sentamos!

Así que por la noche, ooootra vez a hacer dieta blanda.

Yogurcito y manzanita. Que por cierto, no pegan ni con cola.

Dame lo que sea para el yogurt, menos manzana.

¡Apúntate esa!

Nos cansamos de ver la tele muy pronto, hemos perdido la costumbre. Preferimos quedarnos tumbados en el sofá escuchando algún podcast interesante.

Hemos vuelto al horario occidental, así que nos dan casi las 12 de la noche.

Cuando he intentando levantarme a las 7 de la mañana, mi cuerpo no ha estado de acuerdo. He tenido que hacer un esfuerzo sobrehumano para moverme hasta el salón.

Manu se levanta algo más tarde porque ha pasado mala noche. Pero se levanta con energía.

Hemos recibido un mensaje del chino, del dueño de la casa, que viene al medio día a traer detergente. Y a echar un ojo, suponemos.

Así que nos ponemos a limpiar como si nos fuera la vida en ello. Había superficies que no habían sido limpiadas desde antes de que los europeos empezasen a visitar Asia.

Sin embargo, había más sorpresas.

En el segundo mensaje, Ken nos comunica que tendremos visita. Viene una parejita de americanos a hacernos compañía.

Se nos cae el mundo encima…¡Con lo bien que estábamos! Estábamos tan contentos de tener la casa para nosotros solitos que nos quedamos chafados…

¿Cómo será esta gente?

¡Vamos a tener que dormir los cuatro juntos!

¿Querrán poner el aire acondicionado para dormir?

¿Roncarán?

Nada oye, que no me acostumbro a lo de compartir casa.

Antes de que llegue Ken a dejar el detergente, ya tenemos aquí a los americanos. Parecen simpáticos. Llevan ya 10 meses viajando y aún les quedan 2.

Les explicamos las tareas del hogar y el problema que tenemos con el aire acondicionado para dormir.

Acordamos que ellos dormirán en el cuarto de al lado y sólo tendremos que compartir baño. ¡Me gusta esta gente! Y menos mal que no hemos tenido que compartir habitación.

Resulta que nuestras habitaciones están separadas por el baño. Han puesto el aire acondicionado tan fuerte que el fresquito se filtra por debajo de su puerta, llegando al baño común.

Cuando pasamos de nuestra habitación al baño parece que entramos en otra dimensión. Del calor, al frío polar. Como si estuvieras en un anuncio de pasta de dientes.

Pero la verdad que no hemos podido tener más suerte con los compis. No hablan por no molestar.

Si estamos arriba, se bajan abajo, si estamos dentro, se salen fuera, si estamos cocinando, ellos se van a comprar. Intercambiamos algunas palabras si nos cruzamos por el pasillo.

Deben estar un poquito hartos de socializar. Y les entendemos perfectamente.

Es maravilloso conocer gente, de hecho, es lo más maravilloso de viajar. Pero a veces es muy necesario tener momentos de intimidad y soledad.

Esta foto es del día siguiente, que empezamos a cogernos cariño.

 

Aunque estoy escribiendo, hoy no doy para mucho. Tengo el día femenino y he pasado la mañana regular. Parece que ahora que va cayendo el día me encuentro mejor. El caso es que hoy he dormido estupendamente.

Después de frotar y frotar, e intentar trabajar un poquillo, es cuando me he empezado a encontrar peor. Pero con la sopita de verduras que me ha hecho mi cari, creo que he resucitado.

No sé cómo lo hace este niño que con 4 cosas le sale un guiso buenísimo.

Mientras yo trabajo en el blog, Manu prepara la lista de la compra para la cena del sábado. A las 16:30 ha quedado con el chino para comprar. Mañana mismo tenemos que ponernos a preparar.

Además, no se queda todo en la cocina.

Hay que hacer unos pequeños regalitos para obsequiar a los comensales, preparar una presentación para hablar de nuestro país y montar una animación de salsa para divertir al personal.

¡Espero que vengan muchos españoles!

Españoles, como nosotros, que pierden el culo por una buena tortilla de patatas. ¡De esos!

Me parece que el evento va a ser muuuuy divertido…

Son las 9:30 de la noche y Manu aún no ha vuelto.

La tarde de compras se ha alargado más de la cuenta porque el chino se lo ha querido llevar a cenar. Pero no para invitarle, no. Con el chino todo se paga a medias.

No me ha quedado más remedio que hablar con los americanos. Resulta que entienden un poquito el castellano.

Entre eso y que yo entiendo un poquito el inglés, nos hemos ido entendiendo.

Hemos hablado hasta de política. No podía dejar pasar la oportunidad de preguntarles por Trump.

Ya imagináis la respuesta…¡no les gusta nada!

Aún no he encontrado alguien a quien le guste, !pero ahí está el tío!

Y digo yo que alguien le habrá votado…

Cuando por fin llegan Manu y Ken con la compra, nos comunican que hay 22 personas apuntadas para la cena del sábado. A esas 22 hay que sumarle 7 más: los americanos, nosotros, los verdaderos dueños de la casa y Ken.

22+7= demasiada gente para un solo cocinero.

Sin embargo, Manu no está nada preocupado.

Dice que mañana por la mañana (viernes, y el día antes de la cena) empieza a preparar. Que tiene tiempo de sobra. Yo no digo nada…

Es que no sólo hay que hacer cena: hay que imprimir unas fotos para hacer los regalitos, hay que preparar las animaciones y hay que limpiar toda la casa.

El fin de semana promete.

A pesar de que pensaba que Manu se levantaría nervioso y temprano, se levanta tan pancho. No es hasta que empieza a cocinar cuando comienzan los nervios. No tenemos la logísitca ni la ayuda adecuada…

Pero lo mejor viene después…

Cuando Ken nos informa que lo que ayer iban a ser  29 personas, ¡hoy son 40!

¡Nos vamos a cagar! Me veo cocinando toda la noche.

Vamos, que tengo que dejar de escribir ahora mismo para ponerme a ayudar a Manué. Que ha puesto al americano a menear las natillas y quiere echarle tomate triturado al salmorejo.

¡Voy a intervenir!

No te pierdas la próxima entrega!

Cuéntame, ¿has tenido que cocinar alguna vez para 40 personas?

UN ABRAZOOOOOOO

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Acerca de la autora

Tania Carrasco Cesteros

Ayudo a las mujeres con síndrome de Superwoman a recuperar su energía y su peso ideal para tener el cuerpo poderoso que les permita hacer frente a todos sus retos, sin estrés y desde el amor por sí mismas.

Interacciones con los lectores

Comentarios

  1. Esther Nómada dice

    Jajajajajaja, cuantas aventuras!!! Lo de cocinar para 40 está chupao, a mi David siempre me dice que cocino para 10 más de los que somos. Bueno ya he leído que la cosa no salió nada mal.

    Un placer y unas risas leerte guapa!

    • Tania Carrasco Cesteros dice

      Jajajajajaj Hola Esther!!!!! El placer es mío. Qué alegría me ha dado leerte por aquí!!! Tú cocinarás de más pero yo es que cocino de menos…No sé cómo fuimos capaces de sacarlo teniéndome a mí de pinche…Me alegro de que te hayas divertido. UN ABRAZO

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