visado renovado

SIN BUENAS PIERNAS NO TE AMPLÍAN EL VISADO

No sé si volveré a casa más gorda o más delgada pero con las piernas duras, os lo puedo asegurar.

Hemos oído por ahí que si no tienes las piernas duras y trabajadas no puedes quedarte mucho tiempo en Thailandia…

Nos levantamos relativamente temprano y cambiamos las cosas a nuestro nuevo hostal.

Como lo más importante que tenemos que hacer hoy es solicitar la ampliación de la visa, buscamos la ubicación de la oficina de inmigración más cercana.

Resulta que está en el quinto Moño así que lo más lógico es alquilar una moto.

Además, eso nos daría la posibilidad de poder recorrer la ciudad después y conocerla un poco. Desde que hemos llegado lo único que hemos visto es el camino que hay del hostal a la escuela de masaje.

Prácticamente en todos los hostales tienen servicio de alquiler de bicis y motos, y el nuestro no iba a ser diferente.

Le pedimos una moto al señor hostalero y nos dicen que son 200 bats ¡y el pasaporte!

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Si tú me das tu vida, yo te dejo mi pasaporte.

«¡Pues nada, no alquilamos moto!», dice Manué tan tranquilo.

Total, google maps dice que estamos a 1 hora y 23 minutos, andando, de la oficina de inmigración.

¿Qué es eso para nosotros?

Vamos a llegar con las piernas ejercitadas para no tener que hacer cola ni nada, creo que si vas andando te dan los papeles directamente, por idiota.

Vamos a desayunar fuerte porque nos va a hacer falta.

Cada vez que vamos a desayunar desde que estamos en Thailandia, es un cabreo.

Así que vamos a cabreo por día, porque tenemos la costumbre de desayunar cada mañana.

Eso de que nos pongan dos huevos, dos trozos de tomate, un puñado de patatas, un par de tostadas con mermelada y mantequilla y un café por unos 3€ cada uno, nos pone de los nervios.

Por ese precio en India acabábamos con un cólico de estómago y en Linares, Lydia me hace unas tostadas gratinadas que ya les gustaría a estos thailandeses.

Echamos a andar y seguimos preguntando por la moto. Si no quieres dejar el pasaporte te piden 5.000 bats de depósito.

¡Aquí saben más que los ratones coloraos!

Pero para listos nosotros que vamos a caminar 3 horas con nuestras piernecitas, que para eso las tenemos.

Por el camino, necesitamos sacar dinero para pagar la ampliación del visado y hacer fotocopias del pasaporte. ¡Fotos llevamos!

Pasada la hora y media de caminta, empiezo a cambiar el gesto.

Es que son ya las 12 del medio día y no veas cómo calienta Lorenzo.

Aún no habíamos podido sacar dinero ni hacer las fotocopias.

Ni siquiera nos hablábamos. Manu esperando el momento en el que empezase a salirme humo por las orejas y la pagase con él y yo porque iba hablando conmigo misma, como hago cuando quiero sosegarme.

LLegamos a la autovía.

Podíamos hacer dos cosas: cruzarla por debajo por un túnel sólo para coches, o cruzarla por arriba tan divinamente.

Allí estábamos nosotros saltando por una autovía de 6 carriles, como Pedro por su casa.

A las 2 horas de caminata, yo sólo pensaba en a quién tenía que echarle las culpas de esto. Enseguida se me vino un nombre a la cabeza…

¡Paqui Latorre, te voy a matar!

Has acojonado a mi cariño con eso de que no se nos ocurra dejarle el pasaporte a nadie.

¡Ya no te «ajunto»! ?

¡Por fin llegamos al centro comercial donde se encontraba la oficina de inmigración!

Como si te vas desde Santa Bárbara andando a La Luz del Tajo, o a Xanadú desde Boadilla del Monte…sensacional.

Es la 1 de la tarde y aquello parece un hervidero de inmigrantes.

Cientos de personas allí rellenando papeles por todos lados.

Por los altavoces, de vez en cuando, llamaban a ventanilla al siguiente afortunado.

Rellenamos los formularios, hacemos la cola y cuando nos toca: ni se puede pagar con tarjeta, ni ese es el tamaño adecuado de las fotos, ni tenemos fotocopia del pasaporte.

¡Qué casualidad que justo en la puerta de al lado teníamos una tienda que te lo hacía todo!

¡Menudas fotos!

Manu un terrorista y yo…yo…sin palabras. Todavía me preguntaba la «fotógrafa» si quería que la repitiésemos.

¿No se da cuenta usted que el problema no es mi cara?

El problema es el sitio, la luz, la cámara y usteeeeeeeed.

Corramos un estúpido velo.

Volvemos a la cola, justo detrás de la señora belga de 80 años que cuando habla se puede chupar el bigote.

No me extraña que se haya venido a vivir a Thailandia.

Seguro que no llegó con ese bigote, pero como aquí está de moda…¡yo también me lo dejo señora!

Si tienes la fortuna de poder entregar los formularios, pasas a una sala de espera hasta que tu nombre suene por los altavoces.

Bueno…hasta que intuyes que esos sonidos tienen algún parecido con tu nombre. ¡Menuda pronunciación!

Presiento que nuestro día se va a reducir a permancer sentados en esa sala hasta que se nos quede el culo cuadrado. 

Cerca de las 5 de la tarde, cuando los amables funcionarios estaban tan hartos como nosotros y decidieron aligerar su trabajo, conseguimos salir de allí.

Ahora cógete un taxi.

Que no se le ocurra a nadie pensar que entraba en nuestros planes volver andando. En todo caso yo hubiese vuelto a caballito.

El taxi nos cuesta exactamente lo mismo que nos hubiese costado la moto para todo el día.

¡Gracias de nuevo Paqui! ?

Aunque en el anterior post comenté que la idea era ir a Pai haciendo autostop, mañana va a hacer autostop quien yo te diga.

Compramos el billete de bus que ya tengo las piernas trabajadas por lo menos hasta el año que viene.

Ya no ando más hasta que se me olvide lo de hoy…

¡Vaya! Pues si queremos cenar en el mercadillo callejero nos va a tocar andar otra vez.

Vaaaaaaale, si es por comida lo hago.

En los mercadillos callejeros de Thailandia encuentras de todo. 

Hacemos acopio de arroz con cosas, sushi, brochetas de varios tipos y fanta de fresa, y nos sentamos en el suelo a cenar.

Parecerá una tontería pero lo de comer tirada en el suelo me da una sensación de libertad y esparcimiento…

En cuanto a la fanta de fresa…Os recuerdo que en Sri Lanka la encontramos de frutos del bosque. Aquí, a parte de fresa, también la tienes de piña y de alguna cosa más.

Llamada para los señores gobernantes de España: en vistas a que tenéis poco trabajo, y el que tenéis lo hacéis de aquella manera, ¿por qué no ponéis más hincapié en eso de las importaciones para que tales bebidas azucaradas lleguen a nuestro país?

Ahí lo dejo…

Hoy hemos ampliado el visado, comido en la calle y también comprado el billete de bus para marcharnos a Pai mañana mismo.

Cuando tengamos narices a hacer un poco de turismo ya os contaré si Chiangmai es bonito o no…

Otra de las cosas interesantes que hemos descubierto hoy es una fruta cuya existencia desconocíamos totalmente: durian. 

 

Es esa cosa gorda como con pinchos que hay encima de las naranjas.

Ya nos habían hablado de ella la pareja de españoles que conocimos en Sri Lanka, Pilar y Ángel. Nos contaron que genera adicción, que está muy buena, que es cara y que está prohibida en los hostales de lo mal que huele.

En casi todos los alojamientos tienes un cartel que te aconseja no pisar por allí con ese producto, ¡bajo multa de 2.000 bats!

Aún no la hemos probado tal cual, pero sí en zumo. No podemos hablar con propiedad porque al zumo le echan más cosas.

Lo que sí podemos decir es que cuando se nos repetía el zumo había que alejarse de nosotros 10 metros a la redonda.

Volvemos al hostal después de todo el día, queremos probar este nuevo alojamiento a ver si nos sirve para la vuelta.

En la terraza, un muchachito con una guitarra de esas de miniatura canta y me saca una sonrisa.

¡Esta gente bohemia me encanta!

Manu lo asesina con la mirada y a los 5 minutos ya se ha metido en su cuarto y no se escucha ni un alma.

La verdad que es una faena tener que bajar al piso de abajo cada vez que te haces pis en la noche, pero creo que esta habitación me ha conquistado.

La cama es mucho mejor, parece todo más limpio, la terraza y la luz que tiene la habitación pueden conmigo…

Y al final, a lo de tener el baño fuera te acabas acostumbrando.

Siempre puedo volver al orinal como hacía de pequeña.

Debajo de nuestra cama siempre había un orinal.

¿Qué era eso de salir al baño de noche?

Más de una vez, yo o alguna de mis hermanas acabábamos meando en el suelo. Nada que no se solucione con una fregona y cambiándonos el pijama.

¡Qué prenda más absurda!

Hacemos la mochilita, desayunamos otra vez con cabreo incluído y ¡vamos que nos vamos a Pai!

Vamos a meditar un poco más qué habitación elegimos para la vuelta a Chiangmai.

¿Qué nos deparará Pai? ¿Nos gustará?

¿Cómo será el resort que hemos reservado? ¿Encontraremos algo más barato?

¿Tendremos que volvernos a Chiangmai o nos quedaremos allí toda la navidad?

¡Estoy intrigada hasta yo!

GRACIAS POR ESTAR AHÍ Y DISFRUTAD MUCHO DE LAS FIESTAS

 

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Acerca de la autora

Tania Carrasco Cesteros

Ayudo a las mujeres con síndrome de Superwoman a recuperar su energía y su peso ideal para tener el cuerpo poderoso que les permita hacer frente a todos sus retos, sin estrés y desde el amor por sí mismas.

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