En Pai, paseando

RELÁX EN PAI, UN POBLADO HIPPIE

Si tú lees en internet a cerca de este pueblito llamado Pai, pondrá eso, que es un poblado hippie. Pues que alguien me lo explique…

Dejamos la habitación antes de las 10.

Hemos dormido muy bien y hemos estado bastante cómodos, a pesar del tema de tener el baño en el piso de abajo.

Cuando me tuve que levantar a media noche a hacer mi pipí nocturno, me hizo una gracia terrible. Pero por lo demás, muy bien.

Lo peor…que el wifi no llegue a la habitación. Pero hay cosas peores, creo.

Estamos casi decididos a volver a este hostal en lugar de coger el del frigo y la tele.

Aunque habíamos reservado el bus hacia Pai a las 11, no es hasta las 12 cuando salimos de Chiangmai.

¡Eso de la impuntualidad que tanto me gusta!

Para colmo, nos toca sentarnos separados.

La carretera es una sucesión de curvas que no darían mayor problema si no fuese porque el conductor las cogía a 200 por hora.

A eso, le sumamos que es una carretera de montaña con un carril para cada sentido y que nuestro conductor iba ocupando los dos a su antojo.

Pero lo mejor era cuando decidía adelantar a motos, coches y camiones en plena curva.

En Europa ibas a la cárcel más pronto que tarde, ¡kamikaze!

A mitad de camino, paramos a tomar algo e ir al baño.

En el baño, agachando el culete para hacer pipí, levanto la vista y me encuentro con este cartelito en la puerta:

 

Si a estas alturas de mi vida, tengo que venir a Thailandia para que me enseñen a usar la taza del váter, apaga y vámonos.

¿A quién se le ocurre la feliz idea de subirse encima para hacer sus necesidades?

Alguien así tiene que haber para que sean necesarios estos carteles…

Manu me explica que es por los chinos. Como ellos suelen hacerlo todo en agujeritos de esos en el suelo, no conciben lo de sentarse en la taza.

Si alguien está pensando en intentarlo, podrá comprobar que es difícil atinar, aunque parezca lo contrario.

Ya sabes, cuando vuelvas a entrar en un baño público y alguien se haya cagado fuera, es que ha pasado un chino por allí.

¿Y esa gente es la que está conquistando el mundo?

Claramente tenemos un problema preocupante… 

Cuando volvemos a subir al mini-bus, el conductor nos enseña unas bolsas de plástico y hace el gesto de vomitar, con sonido incluído.

«¡Free!», dice. ¡Gratis!

Que las bolsas para vomitar son gratis. ¡Qué majete oye!

Si todavía me las cobras, te las quedas y te vomito, aunque no tenga ganas, para que las lleves rellenas.

Gracias a dios, o a quien sea, ninguno de los compañeros de viaje tuvo que usar dichas bolsas.

Mareados llegamos todos seguro, porque me mareé hasta yo, que no suelo hacerlo.

El mini-bus nos deja en la estación, en la calle principal de Pai.

Sólo se ven jóvenes turistas de todas las nacionalidades, tiendas, bares y restaurante de todo tipo y motos que invanden la calle allá donde mires.

Hippies, yo no ví ninguno.

A no ser que el hecho de llevar rastas te convierta en hippie automaticamente.

En ese caso, vimos un par de ellos.

Pero creo que dos nenes con rastas no valen para llamar hippie a todo un pueblo.

Por lo que nos cuentan, esto debió ser un lugar tranquilo y apacible hace años. Después, se convirtió en un sitio turístico invadido por extranjeros y negocios pensados para ellos.

A ver qué tal nuestro resort…que voy con un poco de miedito…

Los comentarios que hemos leído lo ponen muy bien, aunque hablan de demasiado ruido por las noches.

Llamamos para que nos recojan y a los 5 minutos tenemos allí al dueño en su moto con sidecar.

Nos montamos los 3 y en nada estamos en el resort.

Cuando llegamos y lo vemos, se me ponen los ojos como platos.

 

Está a las afueras del pueblo, lo suficientemente cerca como para llegar a todos sitios andando.

Tenemos un bungalow para nosotros solos, algo alejado de los demás.

Hay zonas verdes, tenemos terracita, cocina compartida, agua y café gratis todos los días a todas horas, y el ruido del pueblo no molesta para nada.

Los gallos campan a sus anchas por las zonas verdes, pero nada peligroso.

Nuestra habitación está limpia, tiene una cama grande, un baño correcto, un pequeño armario y tele.

¡Me encanta el sitio!

Vale que el concepto de resort no lo han pillado y a esto en España lo llamamos «casa rural», pero está muy bien.

La única pega que le veo es que nuestro bungalow está demasiado cerca de la cocina comunitaria.

Como es al aire libre, temo que por las noches se monte jaleo allí y no nos dejen dormir.

Pero como veníamos concienciados para ello, compraremos cervezas por si tenemos que unirnos al enemigo.

De todas maneras le preguntamos al dueño y nos dice que no suele haber problema.

Por cierto, este señor dice que se llama «Eg», así que hemos decidido llamarle «Huevo». El señor Huevo Frito.

Cuando dejamos las cosas y nos duchamos, vamos un ratito a pasear por el pueblo.

El mercado de comida que tenemos al lado del resort es genial. Puedes comprar de todo.

Así que hemos decidido que lo que vamos a gastar de más en alojamiento, nos lo vamos a ahorrar comprando la comida y cocinando nosotros en la cocina comunitaria del resort.

Compramos varios tipos de fruta, frutos secos, yogurt, leche de coco y huevos y ¡ya tenemos para desayunar unos cuantos días!

Hemos reservado sólo dos noches, a ver si mañana encontramos algo más barato y nos podemos cambiar.

No porque no nos guste, que nos encanta, pero preferiríamos algo más barato. ¡Y con el mismo encanto!, si puede ser.

Después de un buen rato escribiendo en mi terracita, nos vamos a dormir.

Manu se ha tenido que quedar dentro de la habitación porque ha sido atacado por un mosquito asesino.

O por 8 mosquitos, no lo sabemos con exactitud.

No puedo mostrar documentos gráficos, sólo puedo decir que antes tenía por culo dos cachetes pequeñitos y ahora tiene ocho cachetes enormes.

Le han salido unas picaduras del tamaño de mi puño.

Le han acribillado el culete por encima del calzoncillo y del pantalón. ¡Menuda sofisticación de mosquitos!

La noche ha sido intensa…

Yo pensaba que los gallos cantaban al amanecer…Será en España…

Aquí los gallos cantan ¡toda la puñetera noche!

Mientras cantan, se pasean por tu puerta por si no te has enterado bien.

Y no sólo cantan los gallos de nuestro resort, ¡no!

Los gallos de nuestro resort cantan y los del vecino les responden.

No sabes si salirte a cantar con ellos, ya que has comprado las cervezas, o pasarte el respeto animal por el arco del triunfo y coger una escopeta.

Junto a la pared de nuestro bungalow, una máquina de no sabemos qué se ponía en marcha cada 20 minutos.

Supusimos que era la lavadora, programada para hacer su labor por la noche y jodernos el sueño.

Ya que tenemos la lavadora funcionando, igual meto ahí a los gallos, provoco un cortocircuito y mato dos pájaros de un tiro.

El insomnio te provoca este tipo de pensamientos.

Decidimos levantarnos cuando el señor Huevo Frito, la limpiadora y el ayudante del resort nos hacen saber con sus ruidos que ya no es hora de estar en la cama.

¡Gracias!

No me va a caber tanta gente en la lavadora con los gallos…

Nos hacemos un desayuno épico para arreglar la falta de sueño.

Papaya, plátano, mango, frutos secos y yogurt en dos cuencos gigantes. Tortilla francesa y café, para rematar.

También compramos leche de coco, pero eso no hay quien se lo beba.

Después, recorremos el pueblo en busca de nuevo alojamiento.

En Pai, paseando

Damos vueltas, y vueltas, y vueltas…y casi todo lleno o en condiciones muy inferiores a lo que ya tenemos.

Alguna cosa que otra encontramos que no estaba mal, pero relación calidad-precio, nuestro resort, con gallos incluídos, está mucho mejor.

Viendo que en estas fechas está casi todo reservado, miramos en internet a ver si nuestro resort tiene disponibilidad para reservar unos cuantos días más.

¡Nooooooo, nuestro resort también está lleno para mañana! 

¡Y mañana es nochebuena!

¿Ahora qué hacemos?

No es que la noche de Nochebuena sea especial para nosotros, sobre todo estando lejos de la familia, pero tampoco nos apetece meternos en cualquier sitio.

Igualmente va a ser sólo una noche.

Tendremos que cambiar de habitación la noche del 24 y el 25 podremos volver a «Huevo Frito Gallos Resort». Seguro que nos acabamos acostumbrando a esos cánticos.

De todas formas, aún no descarto lo de la escopeta.

Durante ese paseo estupendo buscando alojamiento, ¡hemos encontrado hippies!

Nos hemos metido en un jardín que pensábamos que era un hotel y nos ha recibido un montón de gente rara vestida de muchos colores.

Nos han dicho que hotel no tienen, pero que si queremos quedarnos con ellos están haciendo, a mano, los regalos que van a hacerse unos a otros por navidad.

¡Qué bonito! ¡Pero no, gracias!

No sabemos dónde vamos a dormir mañana y me voy a quedar aquí cosiendo calcetines…

Bueno, no pasa nada, nos dicen, mañana podéis venir a las 5 que tenemos fiesta.

Qué miedo…suena a orgía o a que todo el mundo se va a dar los regalos y nosotros no vamos a tener. ¡No, no, no!

En otro momento quizá.

Un par de sitios de los que hemos visto, nos han acabado pareciendo buena opción.

Tenemos un señor que ofrece habitaciones bastante majas en su casa, en plena calle principal pero sin ruido y algo más barato de lo que pagamos en el resort.

Tenemos un hostal árabe, súper barato, decente, pero sin ningna zona fuera de la habitación donde poder disfrutar del aire libre.

Y tenemos el «River of Love» (Río del Amor), que suena muy bien, es bastante más caro que lo que tenemos, pero tiene unas habitaciones y unas zonas comunes estupendas.

En principio, nos quedamos con la primera, que relación calidad-precio está muy bien.

Reservaremos una noche ahí y al día siguiente volveremos a nuestro resort, para quedarnos por Pai unos días más.

A la hora de cenar, las 6 de la tarde, salimos a dar un paseo por el mercado nocturno del que todo el mundo nos ha hablado.

En él, a parte de comida de todo tipo, puedes encontrar ropa, calzado, bolsos, cualquier clase de accesorio o regalo, bebidas raras y gente bailando por la calle.

A ver…bailar, bailar, ¡nadie!

Sólo que intuyo que si veo a alguien en la calle, con una caja delante para que le echen dinero, haciendo movimientos raros con los brazos al son de una música cualquiera, pienso que está bailando.

Intentando bailar, en este caso concreto.

Pero no te creas que le preocupaba mucho a la muchacha estar haciendo el ridículo.

No ponía ni media sonrisa, ni hacía el más mínimo esfuerzo porque aquello pareciese un baile digno.

Igual pensaba que el simple hecho de vestirse raro y tambalearse al ritmo de música oriental, es suficiente para que los pardillos de los turistas se rasquen el bolsillo.

Dudo mucho que nadie le echase ni un céntimo, a no ser que pasasen por allí sus padres.

Si los míos me ven hacer tal cosa en plena calle, me cogen de la oreja y ¡pa casa!

Y hablando de padres, el colmo fue ver a dos niños de unos 6 añitos, con unos gorros y unas vestimentas infernales, con otra cajita delante y música sonando a sus espaldas.

A penas se movían, no sabemos si quizá por el peso de los gorros, pero lo que estaba claro es que esos niños no querían ser artistas.

¡Haced el favor de llevarse a los niños a casa a cenar y que bailen sus padres con los cuernos, si quieren!

No duramos mucho tiempo en el mercado. Habíamos tomado un zumo por la tarde y no nos encontrábamos muy bien.

A pesar de que siempre pedimos los zumos sin hielo, suelen echarles algo de agua y siropes extraños.

Nos sentimos con la barriga regular y el hecho de ver y oler tanta comida no ayuda.

Sin embargo, cuando pasamos por un puesto gigante de dulces, a mí se me pasa todo y me compro un donut gigante relleno de chocolate blanco.

 

Me lo como de camino al resort, mientras Manu lucha por no vomitarse encima.

La noche no ha sido muy buena con estos percances. Hoy lo de menos eran la lavadora y los gallos.

Encima tenemos que mudarnos de hostal, cuando lo único que nos apetece es quedarnos en cama bebiendo agua con limón.

Tiene narices que en Sri Lanka, India y Nepal hayamos comido y bebido en sitios asquerosos y no hayamos pillado nada, y aquí en Thailandia, que son tan limpios y tan desarrollados, hayamos pillado una intoxicación con un zumo sin hielo en una tienda de zumos.

Como se prevee que el día va a reducirse a quedarse en la habitación maldiciendo nuestra suerte, mientras el resto del mundo celebra Nochebuena, ¡nos cogemos el River of Love!

Así se nos quitan las ganas de maldecir, tirados en esa cama estupenda con esa tele de plasma que tiene mil millones de cananles, toooooodos en thailandés. ¡Gracias señor hostelero!

OS QUIERO MOCHITER@S

 

 

 

 

favicon

Acerca de la autora

Tania Carrasco Cesteros

Ayudo a las mujeres a superar sus complejos, a quererse como son y a mejorar la autoestima porque para mí es la base de la verdadera felicidad. Si necesitas adornarte para sentirte segura es que algo no marcha bien. Es el momento de empezar a amarte y construir la vida de tus sueños.

Reader Interactions

Comments

  1. Lydia says

    Ese cartel es válido para cualquier parte del mundo. Te lo digo yo que he limpiado muchas huellas de zapatos del inodoro y aquí lo de los chinos no es excusa.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Lo primero que necesitas es recuperarte a ti misma

¿Te gustaría poder mejorar el mundo mejorando tu propia vida?

¡Sí, quiero mejorar mi mundo!