vistas de las montañas

ENTRE POLVO NEPALÍ Y LUGARES SAGRADOS

Trekking por nuestra cuenta y los peores momos de la ciudad. Nuestro moreno «polvarea» empieza a ser preocupante.

Si por algo es famoso Nepal es por sus trekkings.

Miles de montañeros visitan habitualmente este país para tener la posibilidad de recorrer sus maravillosas montañas.

Mientras pensamos si queremos hacer días de caminata para llegar a lugares a 10 grados bajo cero donde no hay agua caliente, nos organizamos un trekking pequeñito por nuestra cuenta.

La noche ha sido dura.

En la habitación hacía tanto frío que me metí debajo de los dos edredones con el saco de dormir.

Como es un saco de esos de media cremallera, te conviertes en un gusano de seda.

Si a la escasa movilidad que te permite dicho saco, le unes que te pones encima dos edredones, darse la vuelta en la cama es un deporte de riesgo.

Como estaba muerta de frío me acosté con los calcetines. Pero pasadas unas horas me sobraban los calcetines y 4 de los 2 edredones que me puse.

Mientras yo me estoy «acerdando», intentando que no me afecte demasiado la porquería de la habitación, Manué ha sido poseído por el espíritu de la antigua Tania.

Era para verlo, metiéndose en mi sábana de decathlon, investigando la forma de que ningua superficie aledaña se juntase con su piel.

Si en un mal movimiento uno de sus codos salía de la sábana de decathlon y rozaba las sábanas de la cama, chillaba como si le hubiese picado una tarántula.

Pasamos un rato partiéndonos de risa, pero los dos sabíamos que no íbamos a dormir mucho. 

A las 6:30 de la mañana suena el despertador.

Salgo reptando del saco de dormir, me pongo las chanclas con cuidado para que ninguno de mis pies caiga en esa moqueta polvorienta que tiene la habitación. Corro hacia el extremo sur del cuarto, donde dejé mi ropa preparada, para que antes de entrar en proceso de congelación ya hubiese tela cubriendo mi cuerpo.

¡Ya estoy vestida!

Manué repite mi dinámica y cuando ya nos hemos acicalado un poco, meditación y a desayunar.

Subimos a la azotea, hemos pedido que nos hagan el desayuno en casa.

¡Menos mal que el sol ya ha salido y se está mejor a la intemperie en la azotea del quinto piso que dentro de nuestra habitación del tercero!

Esperábamos un desayuno monumental, pero lo que llegó para cada uno fue: un huevo frito, un poco de plátano y manzana, dos rebanadas de pan bimbo, a las que pretendían que le echásemos miel, y un café con leche.

Pedimos mantequilla y mermelada.

La señora, a grito pelao, manda al peque de la casa a por ella.

La mermelada llegó, sin la mantequilla.

Ya que teníamos la miel en la mesa, la usamos para mojar la fruta. El huevo se lo pusimos a una de las rebanadas de pan y la otra la untamos con la mermelada y la mojamos en el café.

Al final no estuvo tan mal. 

Sobre las 9 ya estábamos preparados para subir monte en busca de bonitas vistas de las montañas.

Hasta llegar a las afueras de la ciudad, entre bocanada y bocanada de polvo, pudimos encontrar también bonitos monumentos.

 

Si veis que en las fotos estamos más morenos, no es por el sol de los días de playa, es porque estamos cubiertos de polvo.

Seguro que si doy un par de vueltas salseras el polvo que suelto os llega a España.

La hora y media cuesta arriba nos costó un poco.

Es que teníamos que haber desayunado más.

El templo que encontramos al final y las vistas de las que pudimos disfrutar, merecieron la pena.

 

vistas de las montañas

Al bajar, el hambre ya apretaba. Nos metimos en uno de los sitios más cutres donde jamás hemos estado.

Lo vimos ayer y le hicimos esta foto, pero la señora que cocinaba hoy no era esa. La señora de hoy tenía como 150 años.

 

Sin embargo, nos ha hecho una tortilla con cosas, bañada en una salsa con legumbres y acompañada con unas patatas, para quitar el concimiento.

Después de comer, dando un paseo por una parte de la ciudad que nos faltaba por conocer, hemos parado a comer momos.

Pensábamos que el sitio de las tortillas era el más cutre de la ciudad hasta que hemos entrado en este otro.

En el «bar» (hasta esa descripción se le queda grande) cuatro mesas. Al fondo, un chaval y una señora que nos miran con desdén.

Cuando no sentamos, es como si les molestase que hubiésemos entrado allí.

Con lentitud y desgana nos sirven los peores momos que hemos comido nunca, y os aseguro que ya llevamos unos cuantos.

En lugar de ponernos un cuenquito con salsa, como en todos sitios, sobre la mesa, en jarras de plástico un líquido amarillento.

Con algo de miedo, lo esparcimos sobre los momos y nos los comemos. ¡Somos unos valientes!

Pero nos resulta curiosa la poca visión de negocio de esta gente.

Un restaurante de mala muerte en uno de los sitios más emblemáticos de Bhaktapur, con vistas a un edificio precioso por donde pasan montones de turistas.

Un cartel cutre te hace intiur que allí sirven algo que se come.

Tan barato que cualquiera sospecharía si es que está hecho de aire.

Te sirven sin intentar ni media sonrisa, como si te estuviesen haciendo un favor, dándoles igual si vuelves o no.

Por suerte, no todos los lugares son iguales.

A la señora de las tortillas le ha faltado cogernos de la mano y meternos para adentro, no fuésemos a cambiar de opinión.

Después de un cafelito que nos ha costado más que las dos comidas, buscamos el lugar desde donde queremos coger un bus mañana.

Encontramos un negocio familiar de artesanos de la madera que me hacen recordar a mi tío Paco. Muy amables nos invitan a entrar para explicarnos su trabajo.

¡Verdaderos artistas! Eseñanzas milenarias que pasan de generación en generación.

 

Trás esto, volvemos a nuestro apartamento de lujo a descansar un ratito.

Hoy hemos dormido mal y andando mucho.

En casa, buscamos vuelos baratos para salir de Nepal.

Queremos llegar a Thailandia y tiene que ser en avión.

Nos pasamos la tarde mirando vuelos, desesperados por la pasta que nos vamos a tener que gastar.

¡Esto de improvisar es caro!

¡Si ya lo digo yo siempre jolines!

Somos muy listos nosotros.

Queremos volar a Thailandia, casi en Navidad que es temporada alta, y que nos salga barato.

JA JA JÁ

Pero que este año paso yo la Navidad en una isla paradisíaca como que me llamo Tania, me cueste lo que me cueste.

Desilusionados y agotados de rastrear por Internet todo tipo de buscadores de vuelos baratos, salimos a cenar.

Como la señora de las tortillas ya ha cerrado, vamos al sitio donde estuvimos ayer.

A uno de esos sitios que si estuviesen en España no entraría JAMÁS.

Los camareros-cocineros-dependientes, sucios como gorrinos. Las mesas llenas de churretes. Nos sirven la comida casi sin mirarnos, cuando nosotros sonreímos y damos las gracias por todo.

Encima de la mesa, una jarra de agua que rellenan de un vidón sospechoso.

Estate que bebo yo de ahí pudiendo comprar agua mineral.

Mientras estamos cenando, uno de los camareros coge nuestra jarra, se la lleva a un rincón, bebe a morro después de echar un gargajo y nos la vuelve a poner encima de la mesa.

¡Claro que sí hombre!

Se habla mucho de la hospitalidad y la amabilidad de los nepalíes, pero no lo entendemos muy bien.

Aquí hay gente agradable y gente desagradable, como en todos sitios.

Ni más, ni menos.

¡Pues anda que no somos simpáticos en España!

De vuelta a casa, de noche total, la plaza de Bhaktapur se apaga lentamente.

En los rincones, grupos de hombres de edad avanzada, cantando y tocando unos raros instrumentos, orando a sus dioses.

En esta ciudad, conviven en perfecta armonía el busimo y el hinduismo. Todos participan en las fiestas de todos, como debe ser.

Lejos de rituales y cultura nepalí, hay una cosa que me atormenta…:

Dormir otra vez en esa cama dentro de ese frigorífico que tenemos por habitación.

Normalmente, los días fríos, sales a la calle y notas aún más la baja temperatura.

Aquí es al contrario, cuando notas que es invierno es cuando entras a la habitación. En la calle se está bastante mejor.

Como los dos nos hemos pasado la noche, uno dentro de la sábana de decathlon y otra dentro del saco de gusano de seda, nos apetece esta vez tener algo de movilidad.

Nos arriesgarmos a meternos dentro de esa cama de sábanas sospechosas, a pelo.

A pelo significa que me acuesto vestida de arriba abajo, sudadera y pañuelo en el cuello incluídos, y por si acaso, me pongo la capucha de la sudadera también.

Lo de reservar el vuelo de salida también me preocupa, pero lo dejamos para mañana a ver si por obra y gracia del espíritu santo bajasen los precios de un día para otro.

Dudábamos si quedarnos aquí una noche más, pero va a ser que no ?

QUE TENGÁIS BUEN DÍA MOCHITER@S

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Acerca de la autora

Tania Carrasco Cesteros

Ayudo a las mujeres a superar sus complejos, a quererse como son y a mejorar la autoestima porque para mí es la base de la verdadera felicidad. Si necesitas adornarte para sentirte segura es que algo no marcha bien. Es el momento de empezar a amarte y construir la vida de tus sueños.

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Comments

  1. analogo (Ana) says

    Hola guapos. Es verdad que en todos sitios cuecen habas y que cuando salimos fuera de nuestra tierra acabamos apreciando más lo bueno que nos ofrece. Un abrazo

  2. Francisca says

    Mi querida Tania…como yo m entere q vuelves a beber esa mier…voy para allá y te traigo para acá arrastranding…y «erManu» sin estar vacunado…vais a pillar el Tifus!!!!Compra agua ya…e hínchate de comprar productos empaquetados, envasados e industrializados…No hay sitios con más lustre???????Mañana voy a x el jamón ibérico…a tiempo estás de decirme q t vaya haciendo un bocata???Disfrutad mucho preciosa!

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