Amiga thailandesa

¡NUESTRA PRIMERA AMIGA THAILANDESA!

Nunca había tenido una amiga thailandesa. ¡Conocer gente agradable es lo que más me gusta de viajar!

Manu se va por la mañana temprano a su curso, a ritmo de frenos desgastados, y yo me quedo en el hostal pegada a la tablet.

Queremos que nos cambien de habitación porque la nuestra no tiene muchan luz, quizá mañana sea posible.

Mi cariño está muy contento con su curso, está conociendo gente interesante y los profes son muy buenos.

Está aprendiendo mucho y muy rápido, son dos semanas y hay que exprimirlas al máximo.

En mi caso, trabajar en el blog, hacer algo de ejercicio y comer, son las tareas que me ocupan el día.

Cuando me quiero dar cuenta, ¡ya ha vuelto Manué!

Hoy no he hecho amigos. Intento no darle conversación a nadie porque eso me distrae de mis tareas y me baja los niveles de concentración.

Pero los amigos vienen a mí y entonces no sé cómo evitarlo.

Si noto que alguien me saluda con interés, dibujo una pequeña sonrisa en mi cara y sigo mi camino.

Antes, cuando escuchaba a alguien hablar español, me lanzaba a saludar.

Ahora, sonrío para dentro, pongo cara de nepalí y evito cualquier distracción.

No es que me haya vuelto estúpida, es que quiero aprovechar la ausencia de Manué para ponerme al día con las cosas que había dejado para más adelante.

Ha llegado el momento «más adelante».

Hoy hemos probado un sitio nuevo para cenar.

La sopa de noodles contenía unas bolas sospechosas, que parecían de carne, y unos trozos de no sé qué, que se ha tenido que comer Manué porque yo no los podía ni masticar.

De vuelta a casa, parada obligada en el 7eleven a comprar yogures naturales, para que Manu se meta algo más en el estómago.

Lo más interesante del día es que nos ha escrito una chica que conocímos hace poco, aquí en Thailandia.

Te hablé de ella en el post de los primeros días en Chiangmai.

Es una nena que trabaja en uno de los mil hostales que vimos, antes de decidirnos por el que tenemos.

Nos cayó genial, nos hizo una oferta muy buena y nos ayudó a buscar alojamiento cuando fuimos a Pai.

No pudimos quedarnos en el hotel donde ella trabaja porque a pesar de la gran oferta que nos hizo, se nos salía bastante del presupuesto.

Sin embargo, mantuvimos contacto con ella vía mail, nos dimos los teléfonos y nos ha escrito.

Dice que le gustaría vernos mañana para cenar, así que es posible que mañana tengamos una velada interesante.

Ja O, que se llama la colega, es thailandesa. A esta no vamos a tener que llamarla Chen, su nombre es más sencillito.

Aunque es de las pocas thailandesas que hemos encontrado con un inglés fluído, sigue siendo inglés-thai, y a toda velocidad.

El inglés-thai es un inglés diferente. Chapurrean cuatro palabras, las mezclan todas y pretenden que te enteres de algo a través de la lectura de su mente. 

«Silter» quiere decir «sister», hermana en castellano. «Epénsif», quiere decir «expensive», caro en castellano. «Same same», que quiere decir «igual multiplicado por 2», lo usan para todo.

Aún no sabemos a qué se refieren cuando lo utilizan.

Y así una lista interminable de pronunciaciones extrañas que me hacen parecer a mí la más lista de los tres. 

Manu se defiende muy bien cuando el inglés es bueno, cuando el inglés es malo, la que primero se entera soy yo.

El problema con esta chiquilla es que no nos enteramos mucho ninguno de los dos, porque habla a toda castaña.

Como no lleve intérprete a la cena tendré que usar la táctica que utilizo con las personas pesadas: las miro, sonrío, asiento con la cabeza y, mientras, hago la lista de la compra o lo que sea que tenga en mente.

Al día siguiente, nos cambiamos de habitación.

Me dejan comprobar antes si es cierto que tiene más luz que la anterior, por si no me interesa el cambio.

No sólo tiene más luz sino que los colchones parecen mucho mejores. Y eso, la verdad, es un gran punto a favor.

Cambio todas las cosas de una hacitación a otra y cuando acabo, me doy cuenta de otro punto a favor.

La puerta del baño está decorada con un cartel muy educativo, que hace que no pierdas la perspectiva y no metas la pata en temas delicados.

 

Que viene a decir algo así como:

«- El condón le dice al tampón: tú me dejas sin trabajo una semana al mes».

– A lo que el tampón responde: cuando tú no haces bien tu trabajo, yo pierdo el mío durante 9 meses».

Ahí la tienes…¿No me dirás que no es educativa?

Cuando vuelve Manué, me comunica que finalmente hemos quedado con la chica thailandesa para cenar.

Nos ponemos nuestras mejores galas, las mismas que en nochevieja, y cogemos un taxi al lugar indicado.

Manu me explica que hemos quedado con ella en la puerta de un banco, cuyo nombre lleva escrito en el móvil.

Cuando llegamos a la calle, ninguno de los bancos que nos encontramos tenían ese nombre, pero seguimos caminando tranquilos porque vamos bien de tiempo.

¡Ya lo encontraremos!

Llevávamos paseando un rato cuando escucho que alguien me llama gritando…

«Tanyiiiiiiaaa, Taníaiiiii».

Me doy la vuelta porque alguien grita, pero tampoco tenía claro que estuviesen gritando mi nombre.

Y ahí estaba Ja O, corriendo detrás de nosotros, porque nos habíamos pasado el punto de encuentro.

El punto de encuentro no era un banco, era un restaurante con nombre de banco cuyo letrero se escondía entre árboles…

¿Cómo íbamos a encontrarlo?

Porque nos vio ella que sino aún estamos dando vueltas…

Ja O abre los brazos siempre que nos ve. A mí me saluda con un gran abrazo, largo y cariñoso. Con Manu es más prudente.

Habrá leído la historia de la azafata que se quedó sin ojos por intentar ligar con él, en un avión con barra libre.

Ja O nos hace varias propuestas para cenar, pero pensamos que lo mejor es que decida ella.

Primero vamos a un sitio con una gran cola en la puerta. Lo llaman «restaurante de comida NO thailandesa». Les gusta pensar que Chiangmai tiene su propio tipo de comida.

Pero Ja O nos confiesa que es comida thailandesa, sin más.

Aunque por la cantidad de gente que hay esperando en la puerta, tiene que ser buena comida.

Preguntamos y delante de nostros hay 30 personas esperando…

Si la idea fuese desayunar allí, nos daría igual, pero para cenar quizá sea demasiado tener que esperar a 30 personas…

Nos vamos a otro sitio, también conocido por nuestra nueva amiga.

Un restaurante birmano que a ella le encanta.

Como nosotros no hacemos ascos cuando se trata de comida y nos encanta probar cosas nuevas, aceptamos sin pensarlo.

Nos comenta que aunque el sitio tiene mala pinta, la comida es muy buena.

¡Justo los sitios que nos gustan a nosotros!

Al llegar, comprobamos efectivamente que buena pinta no tiene.

Pero no peor que muchos de los sitios donde hemos comido estos meses.

Al menos las moscas no eran más grandes que nosotros.

Dejamos que la anfitriona pida lo que quiera para los 3. En unos segundos tenemos la mesa llena de cosas, para echárselas ¡al arroz!

Conclusión: da igual que el restaurante sea srilankés, indio, nepalí, thailandés o birmano, ¡el arroz con cosas es el plato estrella!

Nos ponemos morados, sobre todo Manu, al que le encanta que Ja O sea persona de poco comer. Así quedará más para él.

Consecuencia: salimos de allí rodando y cuando llegamos a casa…¡cagalera!

La comida empieza genial. Nada más sentarnos en la mesa, Ja O mete la mano en su bolso y saca un par de regalitos.

Amiga thailandesa

A Manu le trae un artilugio de madera para dar masajes y a mí una carterita, hecha a mano por una amiga, ¡diseño exclusivo!

Sólo se hace una igual, así que tengo una carterita thailandesa hecha a mano ¡única en el mundo!

Es muy probable que cuando llegue a Ibiza este verano me encuentre alguna igual. Todos sabemos que en Thailandia, otra cosa no será, pero diseños e imitaciones a cascoporro.

¡De todos modos, me hace la misma ilusión!?

Artilugio para dar masajes y carterita exclusiva=2 regalos para mí ?

Nos la comemos a besos, ¡no se puede ser más encantadora!, y empezamos con la comida.

Cuando estamos al borde de la explosión, Ja O nos pregunta si queremos pedir algo más.

Ella tiene el plato medio lleno aún y a nosotros nos falta comernos los cubiertos.

Es el momento de pedir la cuenta y ella se ofrece a pagar.

¡Ni hablar! Nos va a salir por un ojo de la cara pero qué menos que pagar nosotros.

¡Qué sopresa nos llevamos al comprobar que es súper barato!

¡Nos gusta esta chica!

Como su novio está trabajando fuera y está sola en casa, le apetece que demos una vuelta, no tiene prisa.

¡Qué rara la gente con esto de evitar la soledad!

¡Con lo que me gusta a mí disfrutar de la casa cuando me quedo sola!

Paseamos un rato con la intención de hacer algunas comprillas.

Confieso que necesito un pantaloncito vaquero corto y nos lleva a un mercadillo.

¿A qué otro sitio si no?

Algo raro tiene esta gente con los mercadillos.

En la plaza a la que nos dirimos, hay un espectacular centro comercial donde seguro que puedes encontrar lo que quieras.

Sin embargo, rodeando a éste, un inmenso mercadillo evita que se te pase por la cabeza lo de entrar al centro comercial, por muy bonito que esté decorado.

Prueba tú en España a montar un mercadillo rodeando Xanadú, a ver qué pasa…

Me pruebo varios pantalones, pero ninguno me convence.

Cuando por fin encuentro uno que me queda medio bien, salgo a que me vean para darme el visto bueno.

Me queda perfecto de todos sitios pero me aprieta de la barriga.

Intento convencerme a mí misma que el motivo por el que no puedo respirar es porque estoy ovulando. Sabemos que en esos días esa zona puede hincharse un poquito.

Hago público mi problema con el botón del pantalón y Ja O me dice que estoy muy sexy. Le digo que no, que es que estoy algo rellenita…

¿Cuál ha sido su respuesta?

Que no es que esté rellenita, ¡que soy fuertecita!

¡Fuertecita que me ha llamado!

¡¡¡¡¡Uy lo que ma dichooooooooooooo!!!!!

Porque te tengo que querer que sino…

No me malinterpretes mochiTer@, que no es que me considere una persona «rellenita», es sólo que comer arroz todos los días durante más de dos meses, pues se tenía que notar en algo.

No iba a ser el único efecto que se me estén rasgando los ojos…

La velada fue genial, pero cuando empezó a llover la dimos por concluída.

Hemos quedado en vernos otra vez para ir a bailar salsa. Eso puede estar muy bien.

Sobre todo porque ella no sabe y quiere que la enseñemos.

Los que bailáis sabéis que eso de ir a bailar con alguien que quiere que le enseñes ¡es una faena!

Enseñar mola mucho cuando te van a pagar por ello. Cuando sales a una disco a bailar y tienes que enseñar a alguien, se te ha jodido la noche.

Menos mal que viene Manué y le va a tocar a él practicar con la novata.

El caso es que la chiquilla se lo merece. Se merece que la enseñemos a bailar y que pongamos su nombre en una calle, si hace falta.

Nos vamos a casa muy contentos.

Manu se pone a hacer los debéres del curso antes de dormir. Yo le espero leyendo.

Seguro que los nuevos colchones nos permiten dormir a pata suelta.

¡Que te lo has creído!

Primero a Manu se le metió en la cabeza que había un mosquito gigante en la habitación.

Después de un rato buscando al mosquito, desiste y se mete en la cama.

Iba yo a coger el sueño, cuando llegan los vecinos de la habitación de al lado.

No sé si es que en lugar de personas son caballos, pero daban golpes a diestro y siniestro.

Me levanto a por los tapones de los oídos. Manu ya los tiene puestos y no está escuchando a los caballos.

Cuando me vuelvo a meter en la cama, me acuerdo del mosquito.

Si se me acerca, al tener los tapones puestos, no le voy a escuchar.

Me quito los tapones.

Me vuelvo a meter en la cama y pienso en cosas bonitas:

«Qué bonito el viaje, qué simpática nuestra nueva amiga, mañana voy a probar una clase de Chikung maravillosa, quiero matar a los vecinos…»

Nada de nada. ¡Los ojos como platos!

¡Si es que no tenía que haber comido tanto arroz!

BUENAS NOCHES Y ¡A DEJAR LOS ZAPATITOS EN LA CHIMENEA!

P.D: vale que estoy lejos pero se aceptan regalos de reyes. Yo dejo el número de cuenta y arreglado ?

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Acerca de la autora

Tania Carrasco Cesteros

Ayudo a las mujeres a superar sus complejos, a quererse como son y a mejorar la autoestima porque para mí es la base de la verdadera felicidad. Si necesitas adornarte para sentirte segura es que algo no marcha bien. Es el momento de empezar a amarte y construir la vida de tus sueños.

Interacciones del lector

Comentarios

  1. Francisca dice

    Mi Tanita…allí el inglés es»masticado»…y las» f» son «p»…y mil cosas más…Muy meritorio eso de intentarlo…Esta Navidad no he parado…nada de deporte y durante 8 días…ni una sola comida en casa…TODAS incluidas las meriendas fuera(el desayuno no),ni fruta probé…no m quiero imaginar ese pantalón en mí.Aprovecha los mercadillos de allí,son geniales…centros comerciales y globalización nos sobra…Voy a seguir leyéndote a ver q tal todo xq m quedé muy atrás.Muchos bess…para ellos fuertecita son todas…ellas son escuálidas…y dp de tanto arroz,cagurrias incluidas estás más delgada seguro.Más besos(y a Manu,tambièn???)

    • Tania Carrasco Cesteros dice

      Jajajajjajajajaja, ni aunque hubieses comido chorizo con palmeras de chocolate en cada una de esas salidas habrías cogido un gramo, estoy segura. Y si lo hubieses cogido, que se quede, que no eres thailandesa pero no será por gramos de más. Mañana me voy a otro mercadillo a ver si consigo comprar de una vez los dichosos pantalones. UN ABRAZO GRANDE MI PAQUITA

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