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EN CHIANGMAI "DESCANSANDO"

El viaje de tren ha sido muuuuuuy largo y lo único que nos pide el cuerpo es descansar.

Llegamos a la estación de tren sobre las 18:30, después del autostop de todo el día.

Compramos el billete por menos de la mitad de lo que costaba el bus y vamos a atracar algún puestecillo de comida.

¡Madre mía, este sitio también está lleno de blancos!

No queremos dejarnos una pasta en la cena, así que andamos un poco hasta que damos con un puesto callejero.

Comemos borchetas de carne de todos los tipos y nos atrevemos con una cerveza para los dos.

Sí, estoy comiendo carne y lo que me echen.

Es difícil ponerse exquisito y selectivo cuando tienes que comer lo más barato posible.

Aunque también es cierto que Asia es el país de los vegetarianos.

Hay mucha más variedad para vegetarianos que para los que no lo son.

¡Apúntatelo Noe que te voy a traer aquí para tu despedida!

Quedan más de 4 horas para que salga nuestro tren. Nos apalancamos en la estación con una buena ración de galletas y esperamos.

Tenemos unas ganas de subir al tren, tumbarnos en nuesta litera y dormir, que sólo pensarlo nos hace felices.

Como pasan muchos trenes hasta que llega el nuestro, podemos comprobar que por dentro están súper nuevos y súper preparados para descansar bastante bien.

¡Ostras qué bajón cuando llega el nuestro y no tiene literas!

Vamos a tener que pasar 13 horas sentados, en un tren que va hasta arriba de gente.

Flí

pá.

Tan sumamente cansados estábamos que alguna que otra cabezadita pudimos dar.

Sobre todo cuando el tren se fue vaciando un poco y tuvimos la posibilidad de medio tumbarnos.

Pasaron las 13 horas y ¡por fin llegamos a Chiangmai!, más muertos que vivos.

Según bajamos del tren, nos intercepta un señor para ofrecernos habitación.

El hostal está alejado y nos lleva en su «fragoneta».

Con el cansancio monumental que traemos no podemos pensar. Nos da igual dónde nos lleve este señor, ¡nos vamos con él!

Lo peor que nos puede pasar es que no nos guste la habitación. Pero al menos habremos llegado gratis, y en coche, a la ciudad.

Entramos al hotel, porque aquello de hostal no tenía nada, y en recepción nos dicen que justo se les acaban de llenar las habitaciones baratas.

¡Vaya por dios, qué casualidad!

Pues nada, gracias por la carrera y ya buscamos nosotros la solución.

Tuvimos suerte porque estábamos en pleno centro, justo por la zona por donde Manué había estado mirando alojamientos.

Como estamos muy cansados nos quedamos en un hostal relativamente barato. Aunque no les quedan habitaciones dobles nos dejan un dormitorio de 4 camas literas, para nosotros solos.

No es para tirar cohetes pero nuestras piernas no nos permiten ponernos a dar vueltas como hacemos siempre.

Sobra decir que lo primero es darnos una súper ducha, cambiarnos de harapos e irnos a comer.

Nos damos un buen homenaje en un vegetariano súpero chulo que nos jode por completo el presupuesto del día, pero una cosa por otra.

 

Ya mañana, descansaditos, buscaremos sitios de estos cutres y baratísimos en los que solemos comer siempre.

De hecho, nos han contado que una de las mejores cosas que tiene Thailandia son los mercadillos callejeros de comida.

Se come bien, barato y con muchísima variedad.

¡Mañana lo intentamos!

Como estamos en la ciudad donde Manué quiere hacer los cursos de masaje thailandés, después de comer vamos a buscar la escuela para hablar con los profes y formalizar la inscripción.

«Cariño, llama a la escuela para asegurarte que está abierta, a ver si nos vamos a dar el paseo para nada», le digo a mi cariño.

«No te preocupes que he leído por internet que cierran a las 6», me dice.

Aunque no me convence la respuesta, ni me apetece patearme la ciudad con la paliza que llevamos encima, me tengo que callar.

Entre que hemos comido cual gorrinos, que hace un calor de justicia y que las piernas no nos responden, tardamos unos 45 minutos en hacer un trayecto que podría haber sido de 20.

¡Venga, que ya sabéis lo que pasa ahora!

¡Exacto, el profe de los cursos de masaje ya no está porque acaba a las 4!

No tengo fuerzas ni para cabrearme.

Vuelta para atrás…con tus piernecitas…»pin pin pin», hasta que llegues al hostal.

Yo delante andando como una condenada y Manué detrás gastándome bromas para que no lo asesine.

chiangmai

El día no da para más.

Nos paramos a tomar una infusión y nos metemos en la habitación a descansar.

Es genial porque nos han dado una habitación con ventanas sin cortinas, así que se ve todo lo que hacemos.

Menos mal que hoy no nos importa…estamos tan cansados…jejejejjeej.

La idea que tenemos es quedarnos por aquí mañana y salir a Pai al día siguiente.

Nos han hablado tan bien de Pai que nos morimos de ganas de estar allí.

No va a ser como la playa pero oye, nunca se sabe.

Antes de acostarnos, nos ponemos a mirar los alojamientos por internet, para ir con la cosa medio clara y no dar demasiadas vueltas.

Tenemos claro que intetaremos llegar en autostop otra vez.

Cada uno con su móvil, empezamos a ponernos de todos los colores.

Los alojamientos baratos están todos llenos y en los sitios donde quedan habitaciones, o son compartidas o son carísimas.

Nosotros, más chulos que nadie, queríamos llegar a Pai y encontrar una habitación de p…madre al mejor precio, sin reservar, en temporada alta.

¡No diréis que no tenemos confianza en nosotros mismos!

¿Y ahora qué hacemos?

Estábamos a punto de llorar cuando se me ocurre mirar en los pueblos de al lado.

A unas malas nos alojamos por allí cerca y vamos a Pai de visita.

¡Nada! ¡Todo hasta la bandera!

Tenemos tres opciones:

  • Ir a Pai y gastarnos un dineral en un hotel (quien dice dineral dice 300 euros en 10 días).
  • Ir a Pai y meternos en un dormitorio con otras 8 personas.
  • Quedarnos en Chiangmai toda la navidad y casi todo enero, por los cursitos de masaje thailandés.

La cosa está complicada…

Pero ya no podemos más. No nos dan los ojos, ni la vida, para seguir buscando.

Yo a penas puedo dormir de pensar en qué podíamos hacer.

Nos quedaremos un día más en Chiangmai para no tomar decisiones precipitadas.

Al levantarnos, lo primero es volver a la escuela de masaje para tener la mayor información posible.

Le han dicho a Manu que la escuela te deja alojarte allí cerca por muy poco dinero.

Como yo no voy a hacer el curso, tenemos que preguntar si también podría alojarme allí o si tenemos que buscar otro sitio.

Esta vez, la escuela está abierta y nos lo cuentan todo muy requetebien.

Pero cuando nos enseñan el alojamiento…

¡Para echarse a llorar!

La habitación privada viene siendo un zulo con un colchón en el suelo, que se comunica con las habitaciones de al lado porque el techo está abierto. Y además, con el baño compartido.

¿Barata? Sí.

¿Merece la pena lo que te ahorras? ¡Ni de coña!

Así que ale, ahora nos toca pasarnos el día buscando una solución de alojamiento para las semanas que dure el curso.

Chiangmai nos tiene algo confundidos.

Encontramos auténticos zulos a precios escandalosos, pero lo que realmente abundan son los hostales de lujo.

Casi todo es de muy buena calidad, muy limpio y a precios que no queremos pagar.

¿Pero esto es Asia o qué es?

Comparamos todo el rato con los precios de Nepal, India y Sri Lanka y nos pillamos unos cabreos…

Además, les decimos que queremos la habitación para dos semanas y no nos hacen ni una mísera rebaja en el precio.

¡Muy fuerte!

A causa de equivocarnos de calle, damos con un hotel donde nos atiende una muchacha encantadora.

Nos enseña la habitación y nos fascina. Y cuando le decimos que es para 15 días nos hace una súper rebaja, combinada con una súper sonrisa, que casi le pedimos quedarnos a vivir allí con ella.

Sin embargo, y contra todo pronóstico, cuando llegamos a nuestro hostal nos da por preguntarle a nuestra casera-barra-seta. Un ajo de mujer.

Ayer estábamos en un dormitorio de 4 camas pero hoy nos hemos podido cambiar a una doble y la cosa ha mejorado bastante.

Tenemos una habitación privada con baño incluído, cama grande, frigorífico, tele, agua caliente y buen wifi. El precio aceptable.

No nos habíamos planteado la posibilidad de quedarnos aquí porque pilla lejos de la escuela de masaje.

Pero cuando le preguntamos el precio que no haría para 15 días, añadiendo el alquiler de una bici, nos hace un precio que no tiene comparación con ninguna de las cosas que hemos visto.

La habitación de la nena encantadora, es mucho más luminosa y alegre pero no tiene frigo ni tele. Por no mencionar el precio bastante superior.

Teniendo en cuenta que lo de Pai nos saldrá por más dinero del esperado y que luego tenemos que quedarnos por aquí 15 días más, como mínimo, lo que nos interesa es algo barato, aunque la habitación no tenga demasiada luz.

Sin embargo, y cuando ya pensábamos que no podíamos encontrar nada más barato, damos con un hostal bastante apañao.

Decidimos probar mañana a ver si estamos a gusto, y en función de eso decidir si nos quedamos en el anterior o si nos quedamos en este otro.

El anterior: habitación doble con baño, frigo y tele, pero muy oscura y sin zonas exteriores para poder salir aunque sea a escribir.

El que probaremos mañana: habitación grande luminiosa con baño compartido. No tele, no frigo, pero pedazo de terraza para salir a hacer lo que sea, incluso escribir. Y algo más barata.

¡Vamos a cenar en el mercadillo!

 

Antes de meternos en la cama, nos pasamos otras tantas horas buscando alojamiento en Pai, otra vez.

Podríamos quedarnos en Chiangmai pero…¿qué hacemos aquí hasta el 14 de enero?. Demasiado tiempo.

¡Por fin encontramos algo interesante!

El doble de lo que estamos pagando en Chiangmai, pero acorde con lo que son los precios de la zona.

Obligo a Manué a reservar la primera noche porque ya estoy hasta los ovarios de mirar cosas, y ya cuando estemos por allí vemos si podemos reservar algo más barato.

¡A la cama por favor!

El día de mañana se plantea interesante. Iremos a la oficina de inmigración a renovar la visa para quedarnos en Thailandia un mes más.

Puede resultar aburrido, pero no lo es.

¡Mañana os lo cuento!

BESOTES GRANDOTES

 

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Acerca de la autora

Tania Carrasco Cesteros

Ayudo a las mujeres con síndrome de Superwoman a recuperar su energía y su peso ideal para tener el cuerpo poderoso que les permita hacer frente a todos sus retos, sin estrés y desde el amor por sí mismas.

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