Manu y sus doces tortillas

EL DÍA QUE NOS CONTRATARON COMO CHEFS

Cómo cocinar una cena española para 40 personas, con un solo cocinero decente y 3 pinches mediocres.

Cuando nos sugirieron que cocinásemos comida española para un evento aquí en Kuala Lumpur, no teníamos ni idea de cómo se iban a suceder los acontecimientos.

Te pongo en antecedentes:

Existe una página que se llama “Workaway”, donde las personas viajeras pueden solicitar alojamiento a cambio de algún tipo de colaboración. Algunas veces consiste sólo en limpiar la casa, ayudar con las tareas o echar una mano, si se trata de un negocio.

En nuestro caso, contactaron con Manu a raíz de una solicitud que él mismo había realizado, para hacer de cocineros en un evento. Hablamos de una cena española, por supuesto.

Ken, que fue el señor con el que hablamos, tiene un negocio con otro socio. Tienen una casa enorme, donde no vive nadie, que utilizan para organizar cenas temáticas y cosas de ese tipo.

Al mismo tiempo, les gusta tener gente durmiendo allí para que se encarguen de conservar la casa en buen estado.

En España es al contrario, si quieres conservar una casa en buen estado, lo mejor es que no metas a nadie.

Cuando nos proponen lo de la cena nos parece una idea genial. Sobre todo por vivir la experiencia, y porque la mitad de las ganancias serían para nosotros.

Ken nos cuenta que en esas cenas suelen reunirse entre 15 y 30 personas. Echamos cuentas, y sigue pareciéndonos muy buena idea.

¡Así que aceptamos!

Quedamos para ver la casa con bastantes días de antelación y se nos pasa por la cabeza quedarnos a dormir allí. Si además de lo que cobremos en la cena, nos ahorramos una semana de alojamiento, nos salen las cuentas redondas.

Se lo comentamos a Ken pero dice que no tiene sitio hasta la misma semana de la cena.

¡Genial! Es justo cuando nos viene mejor.

Mientras llega el día de mudarnos a dicha casa, nos vamos a conocer otra ciudad. Estos han sido los días que ya te he contado en Melaka.

Al volver de Melaka y acomodarnos en la casa de Ken, pensamos que íbamos a estar solos toda la semana. Y cuando llegó la parejita americana el miércoles nos sentimos un poco frustrados.

¡Pero menos mal que han estado aquí!

La cena será el sábado y empezamos a hacerla el viernes por la mañana. Que es justo cuando nos enteramos de que íbamos a ser ¡40 para cenar!

Eso complica bastante el asunto, porque la logística no es la más adecuada precisamente.

El menú es el siguiente:

De primero: salmorejo.

De plato principal: tortilla española, pisto y pollo al ajillo.

De postre: natillas de la abuela.

Sí, nosotros también pensábamos que habíamos elegido un menú sencillo. Pero teniendo en cuenta que vamos a ser 40 personas y que la cocina cumple los requisitos mínimos, veremos a ver lo que sale.

Por si no lo sabes, mis conocimientos sobre cocina son los justos y necesarios. Así que el único cocinero para esas 40 personas es Manué.

La parejita de americanos no cobran, tienen que ayudarnos pero tampoco podemos exigirles que lo hagan.

A las 9 de la mañana del viernes ya está Manué con las natillas. Hemos pensado que las natillas, el salmorejo y el pisto se queden hechos hoy, y dejar para mañana las tortillas y el pollo para que estén más recientes.

Hay que decir que es la primera vez que Manu hace natillas. Y por supuesto, aunque el resto de comidas si las haya hecho, desde luego que no para 40 personas.

Se suponía que yo tendría mucho trabajo con el lanzamiento del blog y que Manu no iba a necesitar ayuda. Pero aunque sí que yo tenía mucho trabajo, no me quedó más remedio que dejarlo para echarle una mano.

La maquinaria con la contamos es muy intersante: para las natillas podemos pasar con la cacerola grande que hemos encontrado, para el salmorejo tenemos una especie de trituradora donde me caben 6 tomates y para las tortillas tenemos una sartén hecha polvo.

Mientras Manu sigue con las natillas, yo intento hacer el salmorejo con los peores tomates que debía haber en el supermercado. No sólo no eran de pera sino que estaban verdes.

El pan, tipo baguette, como el chicle de blando. El aceite de aquella manera, el vinagre sintético...¡un desastre!

Imagínate haciendo salmorejo con 13 kg de tomate, metiendo en la triturado menos de 1 kg cada vez…tuve que hacer como unos 20 salmorejos. ¡Y a ojo!

Tania haciendo salmorejo

Yo sólo había hecho salmorejo antes, con la thermomix. Si me sale con sabor a tomate me doy por satisfecha.

Como la tituradora lo dejaba bastante grumoso, lo rebajaba un poco con agua y luego lo tenía que colar.

Hazte 20 salmorejos, cuela 20 salmorejos y además que te salgan ricos. Se hacía una tarea complicada…

Las natillas de Manu…¡un espectáculo!

Una de las ollas estaba muy líquida y la otra muy grumosa. Eso sí, el sabor muy bueno, que al fin y al cabo es lo que importa.

Me estoy empezando a arrepentir de querer que vinieran españoles a la cena. Espero que no venga ninguno. Porque a ver cómo explicamos entonces estos manjares que nos están saliendo.

Cuando acabamos con el salmorejo y las natillas, hubo que ponerse con el pisto. Will, Erika y yo, cortando verdura, pelando ajos, fregando…y el pobre Manué en los fogones todo el tiempo.

Manu no tenía muy claro que el pisto se fuese a quedar hecho para mañana, pero yo lo tenía más claro que el agua. Hasta que el pisto no estuviese hecho allí no se acostaba nadie.

Y así fue.

Manu cocinando

Bastante teníamos al día siguiente con el pollo al ajillo y las tortillas para 40.

El viernes terminamos tarde, pero terminamos. Nos metimos en la cocina alrededor de las 8 de la mañana y salimos de la cocina como a las 11 de la noche, sin parar. 

Y después, cuando lo único que quieres es ducharte y tirarte en la cama, ponte a trabajar en el blog.

¿Sarna con gusto no pica? ¡Y un huevo! Pica mucho.

Nos metimos en la cama pasadas la 1, y a las 7 ya estábamos en pie. Quedaba demasiado por hacer.

Lo primero que hice fue ponerme a pelar patatas como si estuviese en la mili. Como sólo había un pelador, teníamos que hacer las tareas de uno en uno.

Will y Erika se levantaron un poco después, pero tampoco demasiado. Erika se puso a limpiar la casa para prepararla para el evento y Will nos estuvo ayudando todo el tiempo.

Que nadie me vuelva a pedir jamás que pele una sola patata. Aunque fue mucho peor pelar ajos. Todavía me escuecen las yemas de los dedos.

Mientras preparábamos lo necesario para las tortillas, Manué hacía el pollo al ajillo.

Sería un poco más tarde cuando se daría cuenta que lo de las tortillas no iba a ser nada sencillo.

Como la sartén que había en la casa estaba destrozada, Ken nos trajo otra, igual de asquerosa. Aunque intentamos explicarle que con esas sartenes no se podían hacer tortillas de patatas, nos sugirió en varias ocasiones que eso se solucionaba poniendo un poco más de aceite.

Osea que este tío sabe de tortilla de patatas lo mismo que yo. Absolutamente nada.

Aún así, lo intentamos. Sabiendo de antemano que iba a ser imposible.

Manu se desespera y decide cagarse en el chino y en todas las sartenes de Malaysia. Pero de repente, aparece Will con una sartén nueva.

Ante la amenaza de Manu de cambiar la tortilla de patatas por huevos revueltos, Ken había entrado en razón y había decidido comprarnos otra sartén.

Empezamos a entendernos.

Son ya las 12 del medio día, no hemos hecho ni una tortilla decente y la cena es a las 7 de la tarde.

Manu haciendo tortillas

Calculamos que habrá que hacer unas 12 tortillas. 

Vamos jodidos de tiempo porque sólo se pueden hacer de una en una. Pero cada tortilla que hacía el chef le iba saliendo mejor que la anterior.

Estuvimos los 4 todo el día, mano a mano, sin parar ni un momento. Comiendo de pie, montando las mesas, preparando los regalitos.

Que lo de los regalitos también nos dio problemas…

Imprimimos unas fotos, tipo postal, de Madrid y la bandera de España. Todo muy castizo. Pero al dejarlas en la bolsa, se pegaron unas con otras.

Cuando fui a cogerlas para escribir una dedicatoria por detrás, no pude despegarlas todas sin que hubiese daños colaterales.

Así que para arreglar los desperfectos, me tuve que dedicar a hacerles adornitos con las tijeras a las partes afectadas. Retocando los bordes con diferentes formas, quedaría más original y recortaría las partes que se habían estropeado.

Pero recortarle los bordes a 33 postales, haciendo formas bonitas, lleva su tiempo. Y escribir por detrás: “Greats from Spain. We hope you enjoy the dinner. Thank you for coming. Manu and Tania”, también lleva su tiempo.

¡Mierda! No hemos practicado el baile.

Se supone que ademaś de cocinar, servir, presentar los platos, fregar y recoger, tenemos que animar la fiesta con unos bailes.

Esas maravillosas ideas que se te ocurren cuando no sabes lo que estás diciendo, y de las que luego te arrepientes cuando ya no tienen solución.

Ken quiere que bailemos “la Macarena”. Un chino con un gran talento para la música. Y oye, al principio me pareció mala idea, pero pensándolo mejor, para “la Macarena” no necesitamos ensayar nada.

¡Hecho!, ¡bailamos “la Macarena” y listo!

Cuando estábamos a punto de terminar con todo, escucho a los americanos hablando sobre cómo podían calentar la cena.

Les digo: “oye chicos, ¿qué es lo que queréis calentar?”

“La sopa de tomate”, me dicen.

¡Me querían poner a calentar el salmorejo!

Gracias a dios que algunas veces me entero de lo que dice que sino nos hubiésemos comido el salmorejo calentito.

Me eché a reír y les conté que eso se servía bien frío. Les encantó la idea porque así era una cosa menos que tenían que hacer.

Después me preguntaron por las tortillas.

Como que vamos a pasar de calentar 12 tortillas en el horno, de dos en dos, con el calorazo que hace.

¡La tortilla fría está riquísima!

Sólo vamos a calentar el pollo y vamos que nos vamos.

¡Hasta el pisto lo vamos a servir frío!

Alrededor de las 5 de la tarde, ya hemos acabado con todas las tortillas. No nos podemos creer que nos haya sobrado tiempo.

Manu y sus doces tortillas

¡Menudo currazo se ha pegado el chef! Con un calor sofocante haciendo tortillas en el patio, toooodo el día.

Es indudable que necesitamos una ducha de las buenas.

Justo cuando acabábamos de salir de la ducha, llega Ken con los dueños de la casa. Parecen bastante majos. Bastante más majos que el chino, seguro.

¡Ostras! Se nos ha olvidado bajar música. Así que ale, el ratito que íbamos a emplear para tirarnos en la cama, tenemos que emplearlo en descargar música española.

Esta noche va a sonar de todo: Alejandro Sanz ni falta que hace que lo diga, Sergio Dalma, Chenoa, Malú, Niña Pastori, Antonio Orozco, Camarón, Marta Sánchez. Fangoria, Los Hombres G, Ecos del Rocío, Siempre Así, Mecano, Pablo López, Rocío Jurado, y un largo etcétera de temazos de todas las épocas.

¡Esta cena va a ser un exitazo!

Ken nos coloca pegatinas con nuestros nombres para que la gente nos reconozca. Mientras los demás llevan una pegatina con su nombre, en las nuestras pone: “Manu chef” y “Tania chef”.

Chefa, ¿vale?

La gente empieza a llegar muy pronto. Me soprende que casi todos los asistentes a la cena son gente joven. Parejas, amigas, matrimonios, incluso una familia con los hijos…tiene buena pinta el grupete.

Nos saludamos unos con otros, toda la gente es súper simpática. Pero Erika, Will, Manu y yo, ya nos tenemos que meter en la cocina para empezar a preparar…

Te sigo contando en otra entrada.

¡NO TE LO PIERDAS!

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Acerca del autor

Tania Carrasco Cesteros

Ayudo a las mujeres a superar sus complejos, a quererse como son y a mejorar la autoestima porque para mí es la base de la verdadera felicidad. Si necesitas adornarte para sentirte segura es que algo no marcha bien. Es el momento de empezar a amarte y construir la vida de tus sueños.

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