comiendo los 4- villa privada en Bali

CUANDO CAMBIAS HOSTALES POR UNA VILLA PRIVADA CON PISCINA EN MEDIO DE UN ARROZAL

No pego ojo en toda la noche pensando que nuestros amigos puedan tener algún percance.

Aunque bueno, algo de ojo si tuve que pegar porque cuando me escribieron para decirme que estaba todo bien no me enteré hasta que me levanté al baño a las 3 de la mañana.

Eso me permitió dormir un poco mejor pero, aún así, nos levantamos algo nerviosos. Llevábamos meses esperando esta visita y tenemos mucha ilusión puesta en ella.

Queremos que todo sea perfecto y que nuestros amigos disfruten al máximo. Realmente son sólo 5 días los que van a pasar aquí, y venir desde España para una visita tan corta tiene que ser bien aprovechada.

Como han llegado a Bali a las 11 de la noche, esta primera noche la han pasado en un hotel cerca del aeropuerto. Se supone que tienen que dejar el hotel a las 11 de la mañana, pero son las 10:15 y aún nos sabemos nada de ellos.

Estarán durmiendo como lirones porque un viaje de tantas horas te deja para el arrastre.

A los pocos minutos, se ponen en contacto con nosotros. Como yo pensaba, estaban durmiendo a pata suelta.

Les hemos recomendado que se cojan un uber (tipo bla bla car) para llegar hasta Ubud, pero la aplicación no les funciona y los taxis que paran por la calle les quieren cobrar un ojo de la cara.

Dan las 12 del medio día y aún siguen en Denpasar sin conseguir quién les traiga hasta Ubud.

Manu y yo nos desesperamos un poco. Tenemos tantas ganas de verles y de llegar a la villa que han alquilado, que hacemos las mochilas y nos vamos para allá directamente.

Como estos días vamos a necesitar dos motos, alquilamos otra en el mismo sitio donde alquilamos la nuestra.

¿Qué pasa con esto? Pues que Manu tiene que llevar una moto ¡y yo la otra!

Hasta ahora no me había atrevido a coger moto en todo lo que llevamos de viaje. Sí, cierto que tuve moto desde los 14 años, pero algún que otro piñazo que me he dado me han hecho cogerle cierto respeto.

Como suelo hacer con cada uno de mis miedos irracionales, me lio la manta a la cabeza y me subo en el bicho este ?

Al menos con esta moto me llegan los pies al suelo. Con la que tenía de jovencita a penas apoyaba la puntita de los dedos.

Inciso para la juventud: no comprarse una moto que no te permita apoyar los pies en el suelo completamente, habrá consecuencias.

Arranco la moto. Manu se pone detrás. El bicho empieza a moverse. Yo intento no moverme mucho para que no se enfade el bicho. La calle tiene 3 metros de ancho y por allí pasa todo dios: personas, coches, más motos, perros…

Mantengo la calma, no paso de 30 por hora. Compruebo que en todas las curvas hay mucha arena. Sólo en las curvas. Muy buena idea, sí señor. Me gustaría hablar con la persona que la ha patentado.

Por lo tanto, voy a 30 en las rectas y me paro en las curvas. Manu se baja a empujarme, me pitan tanto que me dejan sorda, las vacas mugen, los pájaros se me hacen sus cositas encima…

Esto último es broma, pero sí, tengo que reducir bastante la velocidad en las curvas al mismo tiempo que uso el pito por si alguien viene de frente.

Voy tan concentrada que no me doy cuenta de que me he pasado la villa. Mi sentido común prefiere ir recto que tener que girar la moto en ninguna dirección. 

Manu me pita desde atrás hasta que me doy cuenta de que tengo que dar la vuelta. El caso es que la doy bien. Apoyo mis piececitos en el suelo y voy girando el manillar despacito.

Si me ves desde fuera parezco segura y confiada. Nada que ver con la realidad. Pero tenía que hacerlo ¡y lo conseguí! Llegué sana y salva y…nunca más volveré a coger una moto ?

Cuando llegamos a la villa, pasamos a registrarnos en la recepción. A pesar de que saben que nosotros no vamos a soltarles ningún billete, nos ofrecen unas toallitas muy frías con las que no tengo ni idea de lo que tengo que hacer…

¡Pues me limpio las manos!

«¡Son para el calor cariño!», me dice Manué. Así que, después de lavarme las manos, me la paso por la nuca, por el pecho y por todas las zonas susceptibles de achicharrarse. 

Cuando terminamos de refrescarnos, nos cogen las mochilas para llevárnoslas a la villa.

«No, por favor, nosotros podemos», le decimos al botones, pero se niega a hacernos caso.

Hemos perdido totalmente la costumbre de que nadie se tome estas molestias por nosotros. 

Por fin llegamos a la villa…sin ni siquiera llegar a la puerta puedes disfrutar de un maravilloso paisaje con vistas a un enorme arrozal.

Al abrir la puerta…es que te quedas sin habla…desde el ventanal del salón se ve la piscina, con vistas a otro arrozal. Es todo verde, todo bonito, todo…¿limpio?

¡No me jodas que no han limpiado esto desde la última vez que vinimos!

Muy bien lo de la toallita, lo de llevarnos la mochila, pero ¿qué pasa aquí con los cepillos de barrer y las fregonas?

En un hostal barato, pasa que no esté todo muy limpio, pero en una villa privada con piscina que le va a costar una pasta a mis amigos, me niego a que lleguen y vean que está sucia.

Recomiendo al personal del hotel que limpien un poquito. A los 5 minutos llega un muchacho y decidimos salirnos fuera para dejarle hacer su trabajo tranquilamente.

Mientras tanto, nos damos una vuelta por la piscina común que tienen al lado del restaurante. Casi no nos da tiempo a sentarnos cuando observamos que el chico de la limpieza ya ha acabado su tarea.

Tardó unos 4 minutos en barrer y fregar toda la villa, que tiene un salón y dos habitaciones bastante grandes con su baño privado.

Nada oye, cojo la toallita refrescante que me han dado para el calor y paso el polvo a todas las superficies. 

No se le pueden pedir peras al olmo.

Igualmente, el sitio está espectacular: Manji Resort.

 

Dejamos las mochilas en el salón, queremos que sean nuestros amigos los que elijan la habitación que ellos quieran. Hay coca-cola en el frigo, café, té, 4 botellas de agua en cada habitación, otras 8 botellas en el frigo…no está nada mal.

Manu propone que nos demos un baño mientras esperamos, pero le prohíbo que toque nada hasta que no lleguen María Luisa e Iván. Al final consiguieron un taxi a buen precio y llegarán sobre las 2 de la tarde. ¡Justo a tiempo para comer!

Manu propone beberse una coca-cola. Se lo prohíbo también. Está muy feo no esperar a los dueños ?

Como no podemos bañarnos en la piscina privada, ni beber coca-cola, ni deshacer las mochilas, nos vamos al restaurante de la psicina común.

Al poco rato, el personal del hotel nos avisa de que nuestros amigos están aquí.

¡Biiieeeeeeeennnnnnnn!?????

Salimos prácticamente corriendo. Ellos vienen tranquilos, que están de vacaciones.

Estrujo a mi amiga, estrujo a su novio y vamos a enseñarles su nueva casa.

¡Les encanta!

 

Teníamos un poco de presión también con eso, porque fuimos nosotros los que vinimos a verla y dimos el visto bueno. Pero es muy difícil que no te guste un sitio así, aunque no está bien barrido ?

Después de esperarles para que eligiesen habitación, son los muchachos que les llevan las mochilas los que eligen por nosotros. Meten sus mochilas en la habitación de la izquierda y se olvidan de que las nuestras están en el salón también.

Ya se han dado cuenta de quién va a pagar…se nos acabaron los privilegios ?

Estamos todos hambrientos así que les llevamos a comer a un sitio muy típico. Iván coge una moto y Manu la otra. Lo cierto es que le dejamos a Iván la moto que habíamos tenido nosotros todo este tiempo porque comprobamos que la nueva no tiene los frenos en muy buen estado.

Quizá el cambio no fue buena idea, la moto que le dejamos a Iván no podía con los dos  ???? y tenían que conducir a 30 km por hora, igual que había hecho yo esa misma mañana.

Finalmente, llegamos al restaurante. Ya sabes lo que vamos a comer: arroz con cosas. Ellos te ponen el arroz y tú eliges las cosas.

Iván no tolera muy bien el picante, como Manu, pero nosotros estamos acostumbrados después de 6 meses por aquí. De hecho, María Luisa no es capaz de terminarse su plato y a Iván le cuesta. No hemos tenido mucho éxito con esta primera propuesta, prometemos mejorar…

Pero creo que ahora mismo nos da igual. Estamos tan contentos de estar juntos que lo mismo da arroz que noodles.

comiendo los 4- villa privada en Bali

Terminamos de comer tarde, damos una vuelta tranquila por la ciudad, vamos a cenar con nuestra amiga musulmana de los helados exquisitos y volvemos a la villa a descansar.

Después de un buen rato de charleta, cada mochuelo a su olivo. Se avecinan días intensos y no queremos empezarlos con cansancio acumulado.

Presiento que voy a dormir como una angelita en esta cama, con estas vistas, con esta compañía y todos los bichitos que se escuchan alrededor.

Seguro que van a ser días muuuuuy interesantes.

Sigo contándote muy pronto.

UN GRAN ABRAZO

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Acerca de la autora

Tania Carrasco Cesteros

Ayudo a las mujeres a superar sus complejos, a quererse como son y a mejorar la autoestima porque para mí es la base de la verdadera felicidad. Si necesitas adornarte para sentirte segura es que algo no marcha bien. Es el momento de empezar a amarte y construir la vida de tus sueños.

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Comments

  1. Araceli says

    Qué alegría!!
    Te sientes como un enano en el día de los reyes magos, cuando se tienen visitas!
    Disfrutadlos al máximo!!??

  2. Opticaelglobolinares@hotmail.com says

    Q gracias tienes ,Tania q guapos estáis los dos,os quiero mucho,gracias por todo muchos besotes

  3. Maria Luisa DG says

    Yo también quería correr a abrazaros!!! pero mi esguince y mis 27 horas de viaje (entre coche, aeropuerto con restraso de 4 horas, avión de 6 horas, escala de 3 horas, avión de 1o horas….) no haber desayunado, regla y jetlag….no podía con mi body!!!

    Ahora ya sé que la moto no tiraba por mi culo gordo ¬¬.

    Que preciosidad de villa pillamos LOS CUATRO!!!!!!

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