camarero barriendo con dos escobas

CAMBIO DE BUFFET Y LLAVE OLVIDADA

La de cosas que pasan sin salir del resort…Se rompen cristales, se olvidan llaves y te cambian el buffet.

Te comentaba hace días que el buffet del resort no estaba nada mal para lo que nos hemos encontrado en otras ocasiones.

Suele haber sandía, tostadas, café, chocolate, huevos y, a veces, tortitas, piña, plátano o magdalenas.

Supongo que lo dosifican para que no nos pongamos malos, como nos pasa a los españoles cada vez que vamos a un buffet.

Unos días nos ponen de todo y otros días se guardan el plátano, la piña y las tortitas para comérselo ellos.

Hoy sábado, me he venido a trabajar al comedor a las 7 de la mañana, como intento hacer todos los días.

Manu suele llegar un pelín más tarde, y ya juntos, esperamos el desayuno.

Pero hoy Manu no pensaba pagar el buffet. Había decidido que se pediría un sandwich.

Antes de que llegase Manu, han empezado a poner la comida.

Me he levantado a por un café para tomarlo mientras le esperaba y ¡he flipado!

Hoy, las mesas del buffet estaban repletas de comida: huevos revueltos, huevos fritos, arroz, judías, salchichas, sopa, verdura de muchos tipos, sandía, piña, tostadas y todo lo demás que ponen todos los días.

Lo que viene siendo un buffet normal vaya.

Cuando ha llegado Manu, dice que va a pedirse el sándwich.

«Cariño, ve primero a ver el buffet», le digo.

«¿Por qué, qué pasa?, dice al verme la cara de pillina.

Cuando se ha acercado al buffet, ha debido poner tal cara que las camareras se han empezado a partir de risa.

¡Parecía un niño pequeño la primera vez que va a Disneyland!

«¿Qué pasa hoy, qué pasa hoy?», repetía continuamente mientras llenaba platos de comida.

Las preguntas eran para sí mismo, claro.

Porque aunque ha intentado que las camareras le respondiesen, sabían lo que pasaba por la cara que tenía Manu, pero no porque estuviesen entendiendo sus palabras.

El niño se ha comido: un plato de piña, un plato de arroz, varias salchicas, verdura y ¡5 huevos con pan!

¡Como si no hubiese comido en su vida!

Cuando han venido a retirarnos los platos de la mesa, no les ha quedado otra que reírse de nuevo.

Había platos allí casi como en una boda gitana.

No entendemos qué se celebra hoy para que hayan decidido tirar la casa por la ventana.

Hemos llegado a la conclusión de que tal despliegue de medios puede deberse al hecho de que ayer llegasen un montón de rusos.

Los rusos, a parte de comer mucho, suelen dejar grandes propinas.

Y con el buffet que tenemos normalmente no caía ninguna propina seguro.

¡Qué cabrones!

Hasta donde yo sé, todos pagamos lo mismo por el buffet.

¡Ya podían portarse así todos los días!

Sin embargo, creo que a doña Seta, dueña del resort, cuyo marido se pasa el día entero sentado dándole al alpiste, se le han quitado las ganas de alimentar rusos.

Llegaron ayer y hoy ya habían reventado la cristalera de una de sus habitaciones.

No sé si por un golpe o por simple fuerza bruta al intentar abrir.

El caso es que han partido la puerta de cristal completamente y la han tenido que pagar.

Por reírnos de los rusos y de doña Seta, el universo nos ha querido dar una lección.

Después del desayuno, trabajamos un ratito hasta que nos subimos a hacer algo de ejercicio, antes de darnos un baño en la playa.

Estábamos en el porche de la habitación, sudando la gota gorda.

Yo he acabado antes que Manué y he pasado a por las pinzas, para arreglarme un poquito estas cejas que tengo tan hermosonas.

Salía yo otra vez al porche, tan campante, comentando no sé qué.

Siempre cerramos la puerta corriendo para que no entre ningún mosquito.

¡Pum! ¡Cerrado!

Pero es que sin darme cuenta, antes de cerrarla, he presionado el pestillo como hacemos cuando nos vamos, para que la puerta se quede perfectamente cerrada.

Como ya intuyes, la llave me la he dejado dentro.

No tenía sentido que sacase la llave porque ¡no tenía que haber cerrado!

Bueno, no pasa nada, en todos los hoteles tienen varias llaves para cada habitación…

¡menos en este!

¿Cómo es posible que en un resort de playa con tantas habitaciones sólo tengan una llave para cada una?

¿Tú lo entiendes?

Sudados como pollos después del ejercicio, lo único que se ha quedado fuera con nosotros ha sido una toalla, el móvil de Manu y un poco de agua.

Hemos bajado a la recepción a avisar de lo que nos había pasado.

Ha sido entonces cuando nos han informado de que teníamos que esperar media hora a que viniese a abrir alguien del servicio.

OK.

Media hora podemos esperar.

Allí en el porche como bobos.

Como no hay mal que por bien no venga, me ha dado tiempo no sólo a arreglarme las cejas, sino a adecentarme el bigotillo.

El universo que es muy sabio, ha pensado:

«¿Qué puedo hacer yo para que esta mujer se de cuenta de que necesita más de cinco minutos para quitarse tanto pelo?»

¡Gracias!

Sin esa media hora no hubiese sido consciente de que la luz de la habitación no es suficiente para depilarme.

A la media hora casi exacta, han aparecido las señoras que limpian las habitaciones, con dos destornilladores.

No para desatornillar la cerradura y abrirnos la puerta, no.

Querían hacer palanca para forzar la cerradura, a ver si se abría sin hacer mucho estropicio.

Han estado un buen rato intentándolo, sin ningún éxito.

Poco después, ha llegado un muchacho con dos destornilladores más grandes.

Abrir, van a abrir, eso seguro, pero la puerta va a quedar irreconocible.

¡Por fin el muchacho ha conseguido abrir!

Según ha abierto, se ha dado media vuelta y se ha marchado.

Pero la puerta no ha quedado en el estado esperado.

Ahora estaba abierta, pero no se podía cerrar.

Así que al final, ha sido Manu el que ha tenido que estar cacharreando para conseguir que la puerta volviese a funcionar de la mejor manera posible.

Nos hemos tenido que ir a la playa un buen rato para superar el disgusto.

Ha sido muy divertido ser espectadores del cambio de color de los rusos.

Ayer eran blancos y hoy son todos rojos.

 

Por la tarde, intentando trabajar en el comedor con vistas a la playa, como todos los días, hemos tenido que presenciar un espectáculo grotesco.

3 rusos y 3 rusas, grandes como armarios, se han puesto a beber a 5 metros de nosotros.

Han elegido una mesa para 4, de mármol macizo sobre suelo de madera.

Mesas y asientos de esos que no levantas sin grúa.

Aún no habían bebido mucho, cuando el volúmen de sus cánticos ha empezado a ser un poco molesto.

Como estaban muy pegaditos unos a otros, en una mesa para 4, una de las muchachas se ha levantado a por otro asiento.

Sí, de esos de mármol mazico.

Levantarlo no lo ha levantado, porque no ha querido.

Ha pensado que era mejor arrastrarlo por el suelo de madera.

¡Han quedado unos surcos preciosos!

Esta mañana, que yo he querido arrimar más a la mesa uno de esos asientos, por poco me parto la espalda.

¡Eso no hay dios que lo mueva!

Cuando he llegado Manué y ha querido colocar el asiento que movió la rusa ayer, ha tenido que solicitar mi ayuda de lo muchísimo que pesaba.

¿Cómo pudo moverlo sola aquella señora?

¿Qué les dan de comer a los rusos?

Creo que los petit suise no dan esa fuerza…

Domingo por la tarde ya.

Fotografiamos a uno de los camareros para que veáis qué bien barren por aquí. 

¡A dos manos!

camarero barriendo con dos escobas

Claro que con los 4 pelos que tienen las escobas, necesitan más de una para conseguir el efecto deseado.

Estamos en nuestra mesa de siempre, con la tablet, cuando escuchamos que una señora se queja de que las cervezas están calientes.

«¡Coño, ¿qué hace aquí mi suegra?!», he pensado.

Si la voz hubiese sido masculina, el pensamiento habría sido:

«¡Coño, ¿qué hace aquí mi padre?».

Pero como era una señora, he recordado lo mal que le sienta a mi querida suegri que le pongan las cervezas calientes.

Como yo tengo poco criterio con la cerveza, y lo mismo me la bebo caliente que sin gas, no es una cosa que me afecte.

Me he llevado una tremenda desilusión cuando me he dado la vuelta y a esa señora no la conocía de nada.

¡Ya me había hecho ilusiones de ver a mi suegri!

La señora, después de quejarse con razón, ha intentado explicarle al camarero el motivo de su queja.

Cuando se ha dado cuenta de que no había manera, se ha levantada ella misma y ha ido a por otra.

Al volver a su mesa, me ha parecido que era española y he intentado entablar comunicación.

Nuestro hotel está lleno de rusos y franceses, escuchar castellano es un regalo para los oídos.

Efectivamente, ¡eran españoles!

Mercedes y Javier, un ex-matrimonio que se lleva tan bien que se van de viaje juntos.

Hemos pasado un rato súper agradable charlando con ellos de mil cosas.

¡Cómo me gustan estos momentos!

Tenía intención de que nos hiciésemos una foto, pero se me olvidado, como siempre.

Si volvemos a coincidir ya no se me pasa, lo prometo.

¡Gracias Mercedes y Javier por este ratito!

¡A ver si volvemos a coincidir!

Y se acaba el finde…

Mañana lunes…pufff…otra vez a trabajar…

¡Ah no! ¡Si yo no tengo que ir al trabajo! ?

ÁNIMO CON LA SEMANA MOCHITER@! ???

 

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Acerca de la autora

Tania Carrasco Cesteros

Ayudo a las mujeres a superar sus complejos, a quererse como son y a mejorar la autoestima porque para mí es la base de la verdadera felicidad. Si necesitas adornarte para sentirte segura es que algo no marcha bien. Es el momento de empezar a amarte y construir la vida de tus sueños.

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