Con amigos en las Islas Perhentian

BIENVENIDOS A LAS ISLAS PERHENTIAN, LAS QUE DICEN QUE SON LAS MEJORES DE MALAYSIA

Las Islas Perhentian son recomendadas por todo el mundo que visita Malaysia. Vamos a ver si es verdad lo que cuentan…

Dejamos George Town con pena, pero las ganas de llegar a cualquier isla siempre apaciguan esas penas.

Todo el mundo dice que las Islas Perhentian son las más bonitas de Malaysia, así que no hemos querido dejar pasar la oportunidad de conocerlas.

Voy con la mosca detrás de la oreja porque a pesar de que he leído que hay un restaurante donde la conexión a internet es buena Silvia e Isaac, que ya están allí, no opinan lo mismo.

Pensar en estar unos días sin internet, siempre es una alegría, un descanso, un alivio…Pero 12 días, que es lo que pensamos pasar en las  Islas Perhentian, igual es excesivo para el blog.

Seguro que en algún sitio puedo pillar internet de vez en cuando.

¡Islas Perhentian, allá vamos!

En George Town cogemos un bus nocturno que nos deja en Kuala Besut y, desde allí, una lancha nos lleva a la isla. A Perhentian Kecil concretamente.

Justo media hora antes de salir para la estación de autobuses, Silvia nos avisa por wasap de que traigamos papel higiénico porque en el alojamiento no tienen y en las tiendas cuesta el doble de lo normal.

Salimos corriendo a un supermercado para abastecernos de papel higiénico para 12 días, y de paso comprar crema hidratante y crema para el sol.

Nunca había llevado la mochila tan llena…10 rollos de papel higiénico del gordo no los puedes meter en cualquier rinconcito. Parece que vamos de contrabando.

“Una española detenida en Malaysia por hacer contrabando con papel del culo”…Tendría mucha guasa. 

Al llegar a la estación, la idea es cenar antes, pero a parte de un restaurante indio con muy mala pinta, sólo había un par de tiendas con chuches.

Los restaurantes indios que tanto nos gustaban, los hemos descartado porque no queremos que a Manué se le ponga la barriga peleona y el culito malito.

Preferimos comprar chuches: unas patatuelas, unas galletas, una especie de cortezas malayas con una pinta rara y dos botes de gelatina.

Cuando dicen que la gelatina es muy sana para las articulaciones, no se refieren a esta. Esta gelatina es peor que comerse un sándwich de nocilla con atún, que conozco a alguno que lo hace.

El primer bote de gelatina de maíz lo comemos porque sabe como a vainilla. Con el segundo bote de gelatina verde con una capa dura por encima de un verde diferente, no podemos pasar de la segunda cucharada.

A pesar del fracaso de cena que hacemos, nos alegramos mucho cuando entramos en el bus y notamos que ¡no es un bus congelador! Razón suficiente para tener un viaje feliz.

Manué siempre intenta reservar los primeros asientos para tener vistas y no marearse, o para poder tener más espacio para dormir. Con eso de que él dice que tiene una estatura media y yo, por esa regla de tres, podría decir lo mismo, estirar las piernas en los viajes largos se hace muy necesario.

Sin embargo, este bus es diferente. Al tener dos plantas y nosotros no saberlo, las vistas están en la planta de arriba.

Delante nuestro hay una pared con una gran pantalla de televisión, que separa el compartimento para viajeros de la cabina del conductor.

Bueno, como es un viaje nocturno tampoco necesitamos las vistas para nada.

Cuando nos estábamos acomodando para echar una cabezadita…¡fuschhhsss!, tenemos un ambientador de esos que echan líquido cada 2 minutos justo encima de nuestras cabezas. 

Con esa manía que tenemos de no respirar nada más que la toxicidad necesaria, Manu se levanta a apagarlo. Cada vez que lo intentaba el aparato le escupía en toda la cara y yo no me podía aguantar la risa.

Al cuarto o quinto intento lo consiguió y pudimos recostarnos por fin.

Son las 9 de la noche y el conductor nos ha avisado de que sólo hará una parada a las 12. Después, hasta las 6 de la mañana que llegamos a Kuala Besut, no se para más.

Intento no beber mucha agua para no tener problemas y, no muy tarde, me quedo durmiendo.

Antes de las 12 de la noche ya había parado un par de veces, pero es que hasta que llegamos a nuestro destino conté como unas 15 paradas…¡Así no se puede dormir oiga!

Sólo en una ocasión me bajé para hacer pipí, por prevención, pero las otras 14 veces me sobraron. A mi y a todo el mundo, supongo.

Cuando por fin llegamos a Kuala Besut, nos toca negociar para ir del puerto a la isla.

Sólo hay una “empresa” que hace el trayecto a las 7 de la mañana. Los demás barcos salen a partir de las 8 y cuestan 30 ringgits más caros que el de las 7. Por lo visto en este primero no pagas no sé qué tasas.

Isaac nos ha dicho que el barco de las 7 lo podemos sacar por 50 ringgits, aunque nos pedirán 70. Como ya veníamos prevenidos, cuando nos asalta el primer negociante para vendernos un ticket para el barco de las 7 y nos pide 70 ringgits, le decimos que no, que le pagamos 50.

El hombre pone cara de susto y nos dice que eso es imposible, que todo el mundo paga 70. Le decimos que no, que un amigo que llegó la semana pasada, y cogió ese mismo barco, nos ha dicho que pagó 50 ringgts.

El señor insiste en que eso es imposible, nosotros insistimos en que no le vamos a pagar 70 y así nos tiramos 45 minutos: él, queriendo convencernos de que eso es imposible y nosotros queriendo convencerle a él de que, por supuesto, si teníamos que creer a alguien era a nuestro amigo.

Al final, este hombre se lo curró tanto que, aunque teníamos el pleno convencimiento de que nos estaba engañando, le compramos los dos billetes por 70 ringgits. Total, al menos llegaríamos una hora antes y no tendríamos que estar otro rato esperando.

Justo cuando vamos a subir al barco alguien grita: “Manuuuuu”.

Giramos la cabeza y era un compañero de Manu del último retiro de meditación. Él también va a la misma isla que nosotros pero en otro barco, así que quedamos en buscarnos por allí.

Pasadas las 7 de la mañana, subimos al barco. Quien dice barco dice lancha motora, ¿vale?. Según se pone en marcha se levanta la parte de delante. No por el peso, no, por la velocidad.

Llevábamos la lancha haciendo el caballito. No podíamos abrir los ojos de la velocidad que llevábamos, por no hablar de que seguro que he perdido algún empaste con tanto bote.

Manu me agarraba como si en cualquier momento fuese a salir despedida, y las chicas de a bordo soltaban grititos cada vez que se les levantaba el culo del asiento.

Llegamos a la isla muy temprano, antes de las 8. Menos mal que nuestros amigos, que llevaban allí más de 10 días, nos reservaron alojamiento.

El sitio en el que están, el famoso Butterfly, no admite reservas y casi siempre está lleno, así que tiene que ser la ostia. 

Vamos directamente al bungalow de nuestros amigos para despertarles y salir a desayunar, mientras nos limpian nuestro bungalow para que podamos instalarnos.

Estamos muy contentos de volver a encontrarnos con esta parejita maravillosa. Nos sentimos muy cómodos con ellos y eso no siempre es fácil.

Lo primero que hacemos es contarle a Isaac lo del billete de barco por 70 ringgits. Se mea de la risa porque ellos pagaron más pero les pareció buena idea aconsejarnos que intentásemos regatear el precio…por si acaso…?

Y nosotros diciéndole al señor que nuestros amigos habían pagado 50 por el mismo trayecto y que si teníamos que creer a alguien les creíamos a ellos…

Menos mal que al final cogimos el de las 7 porque si nos hubiésemos mantenido en nuestra cabezonería nos hubiese salido bastante más caro.

Después de echarnos unas risas, nos van explicando un poco cómo funciona la isla. Ellos se van mañana y sólo tenemos el día de hoy para aprovecharlo juntos.

Nos llevan a su playa favorita, nos explican cuáles son los mejores restaurantes, nos dicen en cuáles se puede coger algo de internet, etc.

Con amigos en las Islas Perhentian

Pasamos tanto rato en la playa que nos quemamos sin poder remediarlo. A pesar de la crema de factor elevado y de que somos personas con un color de piel bastante agradecido, volvemos rojos como tomates.

Menos mal que, a parte de papel higiénico, también hicimos buen acopio de crema hidratante.

Lo mejor del día ha sido cuando me ha parecido que me picaba un pez raro. Más que un pez parecía una piedra: era oscuro, gordo e iba como caminando muy despacio por el fondo. Tan despacio que si no lo observabas durante un rato, te parecía que estaba quieto y lo confundías con cualquier pedrusco.

Isaac que es muy curioso, ha querido comprobar que no era una piedra y ha metido la manita para tocarlo. Ha sacado el dedito sangrando.

No le hemos tenido que hacer ninguna transfusión pero nos ha quedado claro a todos que nada de meter la mano en el agua para tocar “objetos nadadores no identificados” (ONNIS).

Volvemos al bungalow a ducharnos para salir a cenar, recogemos las mochilas en el bungalow de nuestros amigos y nos disponemos a ocupar el nuestro…

Por lo visto, a Silvia e Isaac les dieron un bungalow limpito…El nuestro estaba as-que-ro-so…

La cantidad de arena y de pelos que había por todos sitios, sillas incluidas, no dejaban lugar a dudas sobre lo maniático de la limpieza que debe ser el dueño.

Con lo cansados que estábamos de “dormir” en el bus, de pasar el día al sol y de haber comido poco, nos entró un cabreo de la leche…Pero sales a la terraza, ves el mar a 10 metros y piensas: “¿qué más puedo pedir?”.

Pero eso se te vuelve a olvidar cuando te ves obligada a coger el cepillo y a ponerte a barrer, cuando podrías estar haciendo cualquier otra cosa.

Y así te pasas un rato: te cagas en el dueño, miras al mar y se te pasa, barres y maldices, sales a la terraza y se te pasa…

 

Seguro que mañana cuando nos levantemos, después de un sueño reparador frente al mar, ya se nos ha olvidado que hemos tenido que limpiar nosotros el bungalow.

Al día siguiente nuestros queridos amigos se van para Kuala Lumpur. Desde allí saldrán para Indonesia, donde nos volveremos a encontrar. Como el bus sale por la noche, tenemos toda la mañana para disfrutarla juntos.

Como ellos tenían ganas de coger una piragua para explorar alguna de las playas a las que no es fácil acceder a pie, nos levantamos temprano para llevar a cabo su propósito.

Justo cuando vamos a salir del “resort”, el dueño nos indica que, si queremos, podemos cambiarnos al bungalow de nuestros amigos, que está mejor que el nuestro.

Sí claro, nos cambiamos, pero después de que lo limpies, ¿no?

“Ah no, cogéis vuestras sábanas, las cambiáis de cama, y ya está todo limpio”.

No sé, hemos debido de parecerle gente cochina…Seguro que con la mirada que le lancé le cambió la opinión. Ahora no sólo me considera cochina sino gruñona.

Gruñona no oiga. Ayer tuve que limpiar yo el bungalow y hoy me cambias, le dejo el bungalow limpito a otras personas, y también quieres que vuelva a limpiar el nuevo…Es un poco desproporcionado creo.

Sólo te he echado una mirada asesina, has tenido suerte. 

Nada, volvemos a los bungalows, cambiamos todo de uno a otro y nos vamos. Ya lo limpiaré después.

 

La mañana de piragua ha estado bien. Cada pareja en su piragua, hemos echado una carrera hasta la playa, y hemos llegado casi empatados. ¡Cómo cansa esto de darle al remo, ¿eh chicos?!

La playa en la que hemos estado se llama “Romantic Beach”. Suponemos que por el difícil acceso que te da la posibilidad de compartir unas horas a solas con tu pareja.

 

En este caso, la soledad se veía truncada por los diferentes barcos que llegaban con gente para hacer snorkel, pero la playa nos ha gustado mucho.

Esta isla no es como Koh Kood. Pensábamos que Koh Kood era lo más virgen que nos íbamos a encontrar, ¡pero no!

Perhentian Kecil sí que es virgen. Ni un camino para llegar a ningún sitio, sólo pequeños senderos que tienes que conocer si quieres llegar a algún lugar. Luz sólo por la noche. Para moverte por las playas pequeñas sólo puedes usar la piragua o el “taxi boat”.

Y, bueno, del internet no vamos a hablar…

Puedo contestar wasap con mucha suerte, algún correo quizá también pero no he conseguido abrir el blog ni un momento…Y mira que le he echado paciencia…

Nada oye, que me va a tocar descansar…?

Después de despedir a nuestros queridos amigos, vamos ver la playa más famosa de la isla: long beach. Allí se encuentran la mayoría de los turistas y hay muchísimas gente joven. Contrasta con el resto de playas también por la cantidad de olas.

Una playa con tanta gente no nos convence, la que nos enseñaron Silvia e Isaac ayer, mucho mejor, sólo estábamos unas 6 personas.

Como nos han dicho que el mejor internet está en el Ewan Café, hemos pensado en ir allí a cenar, a ver si tengo narices a meterme en el blog, pero nada, no hay manera.

Justo cuando íbamos a apagar la luz para dormir, escuchamos animalitos correteando por el tejado. 

“Serán ardillas”, dice Manu.

“No sé cariño, a mi me ha dicho Isaac que por aquí también hay ratas. Que incluso se llegaron a encontrar una en la habitación…”, le respondo yo.

“Anda ya, ¿cómo va a haber ratas?”, se convence a sí mismo mi Manué.

Justo en ese preciso momento, y para los que dicen que la ley de la atracción no existe, Manu pega un bote en la cama:

“¡Ositas, una rata!”.

Y asistimos anonadados a la carrerita que se echa el animalito por toda nuestra habitación.

“¿Por dónde habrá entrado?”, pregunta el gracioso de mi novio.

“No sé cariño: por el agujero que hace de ventana de baño, por los huecos que dejan las puertas aún cuando están cerradas, por cualquier rendija del suelo suspendido sobre la selva…”

Inevitablemente, aunque he dormido bien, he soñado con ratas.

Si llegas a ver a Manu, escoba en mano para espantar a la rata que ya hacía media hora que se había marchado, tapando todos los agujeros de las puertas, cuando le grito:

“¡Cariño otra rataaaaaaaa!”, bromeando…

Retrocede, se agacha con los ojos como platos y pega un salto que casi cae por la terraza.

¡Qué buenos ratos me da este chico!?

Mucho van a tener que mejorar las Islas Perhentian para que nos enamoremos de Perhentian Kecil…

Te cuento muy pronto.

MUUUUUUUUUUUA?

Pero también podrías contarme tú…

¿Qué harías si te encuentras una rata en tu habitación?

Yo, gastar bromas con ello…jeje

 

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Acerca de la autora

Tania Carrasco Cesteros

Ayudo a las mujeres a superar sus complejos, a quererse como son y a mejorar la autoestima porque para mí es la base de la verdadera felicidad. Si necesitas adornarte para sentirte segura es que algo no marcha bien. Es el momento de empezar a amarte y construir la vida de tus sueños.

Interacciones del lector

Comments

  1. Mi abuela intentó matar uno ratoncillo que tenía entre el patio y la cocina y todas las tardes se iba a la cocina y mientras esperaba se tomaba una cerveza,…o dos,…o no sé…murió con 94 y no recuerdo si llego a matar el ratón pero ella se lo pasaba muy bien intentándolo jajaja! Una mujer admirable mi abuela.
    Hasta tu nuevo look a lo loco te sienta bien. Pobrecillo Manué, la que le ha caído contigo.
    Un beso!!

    • Jajajajajajajajaj tu abuela tenía que ser una gran mujer sin ninguna duda! He dejado la cerveza, sino imitaría a tu abuela. Pero si cada vez que vemos animalitos de esos tenemos que beber, iríamos por la vida con una melopea…Lo de mi nuevo look te lo agradezco, pero con lo de Manué no estoy de acuerdo, jejje. Soy buena casi siempre…

  2. Eres muy valiente y m imagino k esos momentos son los mejores ,los k te duele la cara y la tripa de reírte, k interesante aventura y supongo k bonita y única experiencia k eso es lo k vale, esperamos más fotitos de esos preciosos lugares y más vivencias, me tienes enganchada . Me encanta descubrir sitios, contando las opiniones y experiencias vividas ,a través de ti . Yo las ratas muero, hubiese echo lo mismo, tapar todo ,palo en mano …. jijij … Jijij

    • Jajajajajaj, a mi la verdad que los bichos grandes no me asustan porque les ves venir, prefiero una rata a un mosquito o una arañita…Está siendo impresionante y único este viaje, por supuesto, pero no quería caer en los tópicos de muchos de los blogs que sólo cuentan que todo es maravilloso. Hay días de todos y momentos de tirarse de los pelos, como en la vida de cualquiera. Sólo que intento ponerles humor y así el recuerdo se convierte en agradable, jejej. Gracias preciosa!

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