BAILAR TE ALEGRA LA VIDA ¿TIENES GANAS DE COMPROBARLO?

Que sí, bailar te alegra la vida y, por tanto, te aporta felicidad. No pierdas un minuto y ¡empieza!

Ya existen muchos estudios que demuestran lo que te estoy contando. En mi caso concreto, no es algo que queda muy bonito decir pero que no se hace.

Empecé a bailar con 3 añitos. Mi mamá y mi papá, que en esa época eran aficionados al deporte (aunque luego se les olvidó), decidieron que era el momento de empezar a moverse.

Es cierto que con 3 años era más parecida a una bola de pelo que a una persona, pero me admitieron en las clases sin hacer preguntas.

Mi padre quería que hiciese clases de kárate y mi madre se inclinaba más por el ballet. Muy típico,  ¿no?

Pero donde yo vivía tampoco había muchas más opciones, así que allí me tenías tan jovencita, en el gimnasio del pueblo, asistiendo a clases de kárate…y de ballet.

Aunque estuve años manteniendo las dos disciplinas, llegó un momento en que hubo que elegir. Llevaba muy mal lo de perder y en kárate no destacaba, así que me quedé con el ballet.

Y de este modo empezó mi vida. ¡La pasión de mis pasiones es bailar!

No he dejado de hacerlo jamás y he tocado casi todos los palos.

Si tuviese que elegir…el hip-hop, el claqué y los bailes latinos, me vuelven loca del todo.

Escribiendo este artículo, acabo de ser consciente plenamente de que uno de los motivos por los que he sido tan feliz a lo largo de mi vida es ¡porque nunca he dejado de bailar!

 

Para mi sólo hay dos cosas en las que logró estar totalmente presente, disfrutando del momento al 100%, y una de ellas es bailar.

La otra es muy fácil y está muy clara.

¡Mini punto para quien lo adivine!?

Me voy a atrever a hacer una afirmación muy rotunda:

A TODO EL MUNDO LE GUSTA BAILAR

“No, pues a mi no”.

¡Ya está el agua fiestas!

¿Me vas a decir que nunca te has encerrado en el baño y te has marcado unos bailes cuando nadie te veía?

¡Te pillé!

Todo aquel que dice que no le gusta bailar, miente.

No le gusta que le miren, no le gusta cómo baila, piensa que no tiene ritmo, que se van a reír de él, no le gusta una música determinada…

Pero no gustarle bailar…lo dudo mucho.

Cuando hablo de bailar, no me estoy refiriendo a ser número uno en el mundo de un estilo concreto.

Tampoco me estoy refiriendo a que sepas llevar el ritmo, incluso si te lo marca Mayumaná golpeando cubos de basura. Sólo hablo de moverse con una música de fondo. Ni siquiera te digo “moverse al ritmo de la música”.

A colación de esto, me viene un recuerdo a la mente.

Hace unos años, tampoco demasiados, estuve haciendo un curso de desarrollo personal y auto-conocimiento muy potente.

En el curso, a parte de las clases habituales, cada mañana a primera hora, practicábamos alguna disciplina un poco más física.

Uno de esos días en una de esas clases, el profe pone música y nos pide que nos movamos, ¡sin llevar el ritmo!

¡Estaba prohibido bailar al ritmo de la música!

El profe quería que el movimiento saliese de los más profundo, que no fuese una sucesión de pasos mecánicos y estructurados.

Se nos pedía que escuchásemos a nuestra alma y nos dejásemos llevar por nuestros instintos.

Allí no había ninguna bailarina nada más que yo. Mi ego me decía: “esto es lo tuyo, lo vas a clavar”.

Pues…

¡Fui incapaz de hacerlo!  

Mi cuerpo y mi mente estaban tan acostumbrados a bailar dentro de lo establecido, dentro del ritmo de la música, jugando con los acordes exactos, ¡que me era imposible funcionar de otra manera!

Aunque teníamos que mantener los ojos cerrados para que cada uno se pudiese mover libremente sin entrar a enjuiciar a nadie, miraba por el rabillo del ojo lo que estaban haciendo mis compañeros.

Ellos fluían, como hipnotizados, disfrutando del movimiento por el simple hecho de moverse. Disfrutaban de la música, por el simple hecho de que les hacia compañía. Pero no trataban de hacer la coreografía perfecta, medida, pensada, como yo estaba acostumbrada a intentar.

Me sentí tan frustrada que me senté en un rincón y abandoné el ejercicio.

Me puse cara a la pared en posición de meditación, como si estuviera intentando meditar, cuando lo que pasaba era que estaba más cabreada que una mona, y quería que se acabase la música cuanto antes y me dejasen salir de allí.

Aprendí mucho de esa situación.

 

Lo que quiero decir con ello es que bailar no es sólo para los bailarines profesionales. Bailar, no debería implicar sólo el hecho de moverse al ritmo de la música con cierta gracia.

  • Bailar es expresarse con el cuerpo.
  • Bailar es sentir la música y moverse como te pida el corazón.
  • Bailar es disfrutar, soñar, volar con cada parte de tu ser.

¡Y lo hacen mejor los que no son bailarines!?

Por esto es por lo que creo que todo el mundo debería bailar.

A su antojo, a su ritmo, a su gusto y cuando le de la gana.

No tienes que apuntarte a clases de tango nada más leer este post, ni tienes que hacer el baile del gorila si lo que está sonando es la macarena.

¡Un poquito de por favor!?

Lo que te pido es que sigas haciendo eso que haces cuando nadie te ve, pero que lo hagas todos los días antes de salir de casa.

Me atrevo a pedirte más.

¿No sería genial que te quitases ese miedo al “qué dirán” y bailases como te diese la gana, cuando te diese la gana?

 

Vale, vale, vamos a empezar poco a poco.

De momento, una de las mejores cosas que puedes hacer para empezar el día es ¡bailar! No sólo porque es divertido, sino porque a tus músculos y articulaciones les proporciona importantes beneficios.

Tu cuerpo se lubrica, se calienta, se anima y, en definitiva, se prepara para tener un día genial.

Sales a la calle con otro aspecto, con otra energía, te darán ganas de comerte el mundo. 

¡No puedes desaprovechar la oportunidad de empezar así cada día!

 

“No, es que yo ya bailo los martes y jueves de 7:30 a 8:30 y no tengo más tiempo”.

¿No tienes tiempo de levantarte 5 minutos antes y ponerte una cancioncilla mientras te mueves un poco?

¡Venga ya!

Y no me sirve con que te pongas música mientras te vistes o desayunas, porque así no ayudas en nada a tus músculos y articulaciones.

Ya te dije que no sólo estábamos hablando de diversión, ¡hablamos de salud!

Tómate unos pocos minutos cada mañana para mover el cú cú y tu salud te lo agradecerá.

Una cosa muy importante, que no se te puede olvidar…:

Mientras bailes, ¡no te olvides de sonreír!

Ilumina el movimiento con tu sonrisa, siente la alegría que te invade y recorre tu cuerpo.

¡Disfruta de TU baile con todo TU ser!

 

ABRAZOS ARRÍTMICOS PARA TI

 

P.D: Pedirte que te grabes bailando y me lo mandes sería demasiado, así que te recuerdo que puedes entrar en el concurso de:

¿Cuál es esa otra pasión, a parte de bailar, que me permite disfrutar a tope del momento presente?

1, 2, 3, responda otra vez y COMPARTA POR FAVOR ???

 

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Ayudo a las mujeres a superar sus complejos, a quererse como son y a mejorar la autoestima porque para mí es la base de la verdadera felicidad. Si necesitas adornarte para sentirte segura es que algo no marcha bien. Es el momento de empezar a amarte y construir la vida de tus sueños.

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