EL VICTIMISMO TE CONSUME, ¡LIBÉRATE!

¿Quieres superar el victimismo o, quizá, alejarte de esas personas que te machacan quejándose por todo?

Quejarse de todo es muuuuy cansado. El victimismo consume, agota, te deja sin energía.

Todos conocemos personas victimistas.

En muchas ocasiones, nosotras mismas nos hacemos las víctimas.

El miedo a responsabilizarnos de nuestra vida es el motivo por el que caemos en el victimismo.

Este miedo trae de cabeza a muchísimas gente.

Yo me pasé muchos años luchando para superarlo.

Mis padres tenían la culpa de todo, mis amigas no eran suficientemente buenas, mi pareja no me cuidaba, mis compañeros de clase no estaban a la altura, mis profes de baile eran esto o aquello…

Era mucho mejor eso que pensar que todo lo que me pasaba en la vida era responsabilidad mía.

Mucho más fácil ir de víctima y echarle la mierda a los demás.

A ti también te pasa, ¿verdad?

Prefieres culpar de todo a cualquiera, antes que reconocer que la mayoría de las situaciones que tienes en tu vida las provocas tú.

La gran mayoría de ellas.

Si eres una persona victimista o conoces gente que lo sea, estarás muy acostumbrada a escuchar:

“Es que todo me pasa a mi…”

“¿Qué habré hecho yo para merecer esto?”

“¿Por qué todo me sale mal?”

“La gente es gilipollas…”

“Mis padres me han educado fatal…”

Y así un largo etcétera de frases ingeniosas.

Las personas victimistas, prefieren compadecerse de si mismas y echarle la culpa a los demás, con tal de evitar la culpabilidad.

No se responsabilizan de lo que les pasa y culpan a quien sea.

Si no tienen un blanco claro, la culpa es de la suerte.

Tienen muuuuuy mala suerte.

¿Alguien podría explicarme qué es la suerte?

Tiramos de google:

– Causa o fuerza que supuestamente determina que los hechos y circunstancias imprevisibles o no intencionados se desarrollen de una manera o de otra.

– Conjunto de sucesos o circunstancias que se consideran predeterminados para la vida de alguien.

En efecto, si tienes tu coche bien aparcadito y un energúmeno se estrella contra él, podías decir que tienes mala suerte.

Si te vas de vacaciones y a la vuelta te han robado en casa, a pesar de tener tu alarma en orden, podríamos decir que has tenido mala suerte.

Si no has echado nunca a la lotería, un día te da por ahí, y te toca el premio gordo, puede hablarse de buena suerte.

Pero si se te escapa el gato porque te has dejado la ventana abierta, de mala suerte nada.

Si tus relaciones amorosas son un desastre porque siempre te agarras a clavos ardiendo, no digas que es que tienes mala suerte.

Si vas a 200 por la carretera y te estrellas, siniestrando tu coche nuevo, no tienes mala suerte sino que ¡eres una ceniza!

Parto de la base de que no creo en la suerte.

Creo más bien en que cada persona elige y da forma a sus circunstancias.

Incluso en aquel caso en que se te ha escapado el gato, puedo pensar que ha sido algo “premeditado inconscientemente”.

Estás hasta las narices del gato y no es que te importe mucho que se haya ido por la ventana, así que te quejas de que se ha escapado, pero habías soñado muchas veces con ese momento. ¡Quedarte sin el puñetero gato de una vez!

En el caso de la persona que nunca juega a la lotería, juega una vez, y le toca el gordo, puedo pensar que lleva tanto tiempo poniendo el foco en hacerse más rica, que al final ha atraído aquello en lo que ha estado centrando sus pensamientos.

Nuestras circunstancias y lo que nos pasa, viene determinado por nuestras decisiones, en el mayor número de los casos.

¿Sabías que incluso hay teorías que explican que elegimos la familia en la que nacemos, según las cosas que queremos aprender en la vida?

Echa un vistazo al siguiente artículo:

¿ELEGIMOS A NUESTROS PADRES ANTES DE NACER?

Si resulta que hasta elegimos a nuestros padres, no podemos culparles a ellos de habernos traído al mundo.

Los padres son un foco de traumas muy habitual.

Es innegable que la actitud de los progenitores marca a cualquiera.

¿Quién no tiene traumas de la infancia?

Pero una vez te vas haciendo consciente de ellos ¿qué pintas con quejarte?

¿Por qué no trabajas para solucionarlo?

Porque es más fácil que tus padres sigan teniendo la culpa para que tú puedas lavarte las manos.

¡Pobre de ti! ¡Qué padres más malos!

¿Qué tienes, 4 años?

No, ¿verdad?

Si no te crees esto de que tú has elegido a tus padres, da igual.

Aunque el hecho de que hayas venido al mundo responda a una decisión de ellos, sigues siendo la responsable de tu vida.

De tu vida adulta al menos.

No vas a ser responsable de que te pusieran el chupete muy pronto y eso te haya provocado malformaciones en la dentadura.

Pero una vez que te das cuenta, o le pones solución o dejas de quejarte todo el rato porque tienes las “paletas” hacia fuera.

Si eres una persona fría y distante, porque tuviste mucha falta de cariño en tu infancia, y ya te has dado cuenta, ¡actúa!

Si sientes que cada vez que vas al trabajo te puede la ansiedad, por no encontrarte con ese compañero toca pelotas, trabaja para superarlo.

Pero en lugar de trabajar para superar tus miedos o traumas, intentas cambiar a los demás.

Intentas cambiar a las personas a las que has decidido culpar de tus traumas.

Intentas que tus padres sean más cariñosos, intentas que el compañero toca pelotas se de cuenta de que molesta y se haga un curso de magia para aprender a desaparecer, intentas que tu pareja deje de interesarse por el fútbol y empiece a gustarle el cha cha chá…

¿Por qué no dejas a los demás en paz?

Si quieres que tus padres sean cariñosos, dales cariño.

Si quieres que tu compañero toca pelotas cambie, busca la forma de cambiar tú para que no te afecte su actitud.

Si quieres que tu pareja se interese por el cha cha chá, prueba tú primero a interesarte por su fútbol.

Quien da, recibe.

No te sientes en el sofá a lloriquear…¡haz algo para no sentirte así!

Deja de esperar a que sean los demás los que hagan algo por ti.

Si no inviertes en libros, terapias, autoconocimiento, será bastante complicado que salgas de ahí.

Ni tus padres, ni tus compañer@s de trabajo, ni tus amig@s, ni tu pareja, tienen la culpa de la situación en la que te encuentras o de las cosas que te pasan.

¡EMPIEZA A RESPONSABILIZARTE!

El victimismo no va a traerte nada bueno.

Quizá en alguna ocasión te sirva para atraer atenciones. Pero esa gente que un día se acercó a ti por esa pena que le provocaste, se acabará alejando.

No hay forma humana de aguantar mucho tiempo a las personas victimistas.

Luego no digas que te has quedado sola. ¡Si es que tienes la negra!

No, nada de eso.

Tú has hecho que esa gente se aleje porque no ha podido soportar toda tu angustia.

La vida que tienes la has elegido tú.

Puede que haya habido cosas a las que no has podido negarte y ahora te atormentan.

En su momento no pudiste negarte, pero ¿y ahora?

Una vez que te has dado cuenta de que te dejaste llevar por lo que querían otros, ¿no puedes cambiar tu decisión y hacer aquello que quieres?

Quejarte en lugar de hacer cambios, hace que parezca que lo estás intentando.

¡Pero a mí no me engañas!

Al menos, si no estás dispuesta a hacer cambios, cambia la actitud y empieza observar lo bueno de la vida. 

Empieza a pensar en qué puedes aprender de esas situaciones horribles a las que te han empujado los demás, y por lo menos quédate con las lecciones.

Todo lo malo malísimo que te pasa, esconde un aprendizaje del que puedes sacar algo bueno.

¡Todo!

No sufras en balde, por lo menos que sirva para algo.

Aprende del sufrimiento.

La felicidad no está en la queja.

La felicidad está en la aceptación y el deseo por mejorarnos como personas. 

Si los demás no quieren mejorarse, no puedes forzarles.

Pero en lo que a ti respecta,

¡libérate del victimismo y pasa a la acción!

Te propongo un ejercicio muy sencillo:

Apunta donde quieras todos las cosas por las que te gustaría quejarte. Tienes 5 minutos cada día para escupirlas por la bocca.

Pasados esos 5 minutos, ¡no hay más quejas hasta el día siguiente!

¿Hay trato?

Igual que gestionas tu agenda para hacer esto o aquello, inserta en tus hábitos los 5 minutos de queja diarios.

Quédate a gusto quejándote de todo.

Pero luego, cada vez que te sorprendas quejándote, cambia esa queja por un pensamiento positivo. Por un agradecimiento, por ejemplo.

Que tu madre se retrasa con la comida y vas a llegar tarde al curro. En lugar de pensar: “si es que mi madre no piensa en mí, sabiendo la hora a la que tengo que entrar”, mejor piensa: “qué suerte tengo de no haber tenido que preparar comida”.

Y si tu madre siempre te hace las mismas, no vayas a comer con ella los días laborales.

Pero deja de echarle la culpa.

Tú decidiste que ella se encargase de la comida. 

El victimismos no te acerca a tus objetivos.

Es la gente valiente que ha dejado de compadecerse de sí misma la que va a cambiar el mundo.

Me interesa mucho conocer tus quejas.

Si te consideras una persona victimista, si conoces mucha gente que lo es, si tú lo eres a veces, de qué te quejas, qué haces para cambiarlo…

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Ayudo a las mujeres a superar sus complejos, a quererse como son y a mejorar la autoestima porque para mí es la base de la verdadera felicidad. Si necesitas adornarte para sentirte segura es que algo no marcha bien. Es el momento de empezar a amarte y construir la vida de tus sueños.

2 comentarios en “EL VICTIMISMO TE CONSUME, ¡LIBÉRATE!

  1. Un artículo genial! Todos somos un poco víctimas, porque tenemos días de todos. Lo importante es saber porque haces esto o lo otro y si no te gusta, ….está en tu mano cambiarlo.

    • Gracias cariño mío! Me alegra mucho que te haya gustado. No eres tú una persona muy victimista que digamos, te quejas de menos diría yo! jejeje. Y en realidad es mejor no ponerse etiquetas. Porque como muy bien dices en tu comentario: toda persona tiene días de todos. Eso hay que aceptarlo y no castigarse. Cuánto aprendo de vosotras en cada momento. Todo comentario es un chute de alegría para mi. GRACIAS AMIGA

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