padre ausente

¿DÓNDE ESTÁ MI PADRE? Consecuencias de tener un padre ausente

Crecer con un padre ausente no significa necesariamente que el padre haya fallecido o que se haya dado a la fuga en algún momento de tu vida.

Un padre ausente es aquel que, aún estando físicamente, no ejerce todas las funciones que como padre podría ejercer para que sus hij@s crezcan emocionalmente sanos.

¿Cuántas veces te has preguntado por qué te has convertido en la mujer que eres ahora?

–          ¿Por qué estás desconectada de tus emociones?

–          ¿Por qué sientes, muchas veces, que tienes un rol demasiado “masculino”?

–          ¿Por qué le guardas tanto rencor a tu padre, si no es tan malo?

–          ¿Por qué tienes la autoestima tan baja y sin embargo pareces tan dura?

–          ¿Por qué es tan importante para ti que ningún hombre te mantenga?

–          ¿Por qué has tenido parejas tan tóxicas?

–          ¿Por qué no eres capaz de quererte lo suficiente y tomar las decisiones que realmente quieres tomar?

Yo también me he hecho esas preguntas y poco a poco he ido consiguiendo mis respuestas.

Si te suena todo lo que te cuento, este artículo es para ti.

 

 

 

 

 

Descubriendo al padre ausente

Como se explica perfectamente en este artículo:

El padre ausente no es sólo el vacío físico de una figura que no tuvimos, en ocasiones, es también alguien que a “aún estando” no supo o no quiso ejercer su rol. Es una ausencia psicológica capaz de originar en la persona diversas heridas emocionales.

Lo que se conoce como el síndrome del padre ausente consiste en percibir a nuestro padre emocionalmente distante e inaccesible.

Tienes que tener en cuenta que voy a hablarte desde mi rol de hija en una familia de madre-padre. Sin embargo, como sabes, cada día aparecen nuevos tipos de familias con otro tipo de problemáticas a resolver. Pero de ese tipo de ejemplos sólo puedo dar mi opinión, no tengo experiencias ahí.

En mi caso, y casi con seguridad en el tuyo, madre y padre constituían el epicentro de la familia.

Aún así, solías sentir que tu padre “no estaba” en los momentos en que necesitabas que estuviese. Tenías un padre ausente, un padre cuya mayor preocupación era traer el sustento a casa y que consideraba que ahí terminaba su verdadera labor.

 

 

Los frutos del patriarcado

Este tipo de comportamientos que dan lugar a la figura del padre ausente, son frutos del patriarcado.

La figura del padre, del cabeza de familia, incapaz de mostrar sus emociones y afectos, y realmente ocupado en el sustento y la supervivencia económica de las personas que siente a su cargo, se relaciona sobre todo con las generaciones anteriores.

El patriarcado establece un sistema familiar muy estructurado, donde las supuestas diferencias en las capacidades masculinas y femeninas son las que marcan los roles a seguir.

La mamá se queda en casa cuidando de la prole, limpiando, cocinando y estando más accesible en lo emocional, mientras el papá sale a “cazar”.

Otra de las consecuencias del patriarcado en los hombres, es que muchos de ellos tienen tremendas dificultades para conectar con sus emociones.

La típica frase: “los niños no lloran”, sienta las bases de lo que ese niño interpreta que es su papel. El padre ausente fue un niño que tenía que tragarse las emociones para no parecer débil y dedicarse a las cosas de “niños” para no ser cuestionado.

No trato de establecer culpas, de ponerme en plan sexista, ni de hacer ningún tipo de recriminación.

Sólo trato de que entiendas por qué el trato que tuviste con tu padre ha podido afectar a la mujer que eres hoy, del mismo modo que lo que a tu padre le enseñaron de niño trajo consigo lo que tu padre fue después.

 

 

¿Dónde está mi padre?

Hablar de familia no es cómodo y suele reavivar heridas que parecían cicatrizadas, sobre todo cuando las heridas de tu padre ausente aún te afectan tanto.

No tengas miedo, volver a mirar tus heridas puede traerte muchas cosas buenas. Así que sigue conmigo 😉

consecuencias padre ausente

 

¿Cuántas veces te has preguntado dónde estaba tu padre?

No dónde estaba físicamente, sino:

–          ¿Dónde estaba cuando bailabas en el cole?

–          ¿Dónde estaba cuando había que ir al médico?

–          ¿Dónde estaba cuando sacabas buenas notas y ni se inmutaba?

–          ¿Dónde estaba cuando te dejaba tu novio y llorabas desconsoladamente?

–          ¿Dónde estaba cuando conseguías tu primer trabajo y había que celebrarlo?

Tampoco quiero ser injusta, porque estar estaba en muchas de esas ocasiones, pero no para darte un abrazo, decirte una palabra de consuelo o felicitarte, estaba para:

–          Quitarle importancia a tus logros.

–          Quitarle importancia a tus llantos.

–          Menospreciar tu trabajo.

Podrías contar con los dedos de una mano las veces que tu padre te ha demostrado el afecto que necesitabas, te ha dicho las palabras que querías oír o ha corrido a salvarte.

Todas estas circunstancias han marcado tu vida, te han hecho crecer con un rencor terrible hacia tu padre y aún te duele recordarlo.

“El hecho de crecer junto a una figura paterna que a pesar de estar, es incapaz de aportar plenitud, cariño o reconocimiento, deja corrientes de vacío en el corazón de un niño que está aprendiendo a construir su mundo”.

 

 

La otra realidad del padre ausente

Voy a intentar darte otra perspectiva del asunto, que ha sido la que a mí me ha ayudado a sobreponerme a tantas heridas.

Ya sabes que muchas veces la forma en la que interpretamos las cosas no es la realidad. Si te paras a pensar, ¿qué es la realidad? ¿dónde está? ¿quién ve solo la realidad?.

Yo siempre consideré que tenía un padre ausente, que mi padre no ejercía la función que tenía que ejercer.

A nivel económico nunca me faltó de nada, tenía mucho más de lo que cualquier niña puede tener. Sin embargo, había muchos momentos (prácticamente todos) en los que pensaba que mi padre tenía que haberse comportado de otra manera.

Fui una niña que acumulé rencor hacia mi padre hasta el límite de la explosión. De hecho, pasé de ser una niña buena que no daba problemas, a convertirme en una tirana que por todo discutía.

El ambiente en casa no era cómodo, si mi padre abría la boca le saltaba a la yugular. Tenía que pagar por su “mal comportamiento”.

Sin embargo, ahora, después de trabajar mucho la relación con mi padre, cuando miro hacia atrás me acuerdo de tantísimas cosas buenas que en su momento era incapaz de ver.

–          Nunca me dio una palmadita en la espalda, pero siempre que su hija tenía alguna actuación (y eso podía ser una media de 5 veces al año), allí estaba él.

–          Jamás me dijo “¡qué buenas notas!, ¡enhorabuena!”, pero me pagó todos los estudios que he querido realizar a lo largo de toda mi vida.

–          Nunca le pareció bien que mi pasión fuese bailar, pero ahí estaba él para llevarme a ver musicales, para pagarme las formaciones y para recorrer cientos de kilómetros para llevarme a maratones, clases de danza y cualquier cosa que quisiera hacer.

–          Le molestaba que te pusieras mala, era un síntoma de debilidad, pero era el primero que te llamaba para preguntarte, a su manera, cómo estabas.

 

 

Consecuencias de haber tenido un padre ausente

Fuiste una niña con un padre ausente, creciste con esa falta y todo eso, irremediablemente, ha afectado a la construcción de tu personalidad.

Has estado muchos años culpando a tu padre del carácter que tienes hoy.

No se puede negar que sufriste muchísimo debido al comportamiento de tu padre y a las expectativas que cualquier niña tendría al respecto.

Pero ahora eres una mujer, has cambiado, evolucionas (aunque a veces te parezca que no) y luchas cada día por no convertirte en la persona que era tu padre.

El día que tengas hij@s, si aún no los tienes, no permitirás que crezcan con un padre ausente.

 

El hecho de que hayas crecido sintiendo que tenías un padre ausente, implica consecuencias que probablemente te siguen afectando en el día de hoy:

 

–          Dependencia emocional

A pesar de parecer una mujer independiente y segura, dependes emocionalmente de los demás.  Bien, no se nota, y además te encargas de esconderlo divinamente, pero tú sabes que muchos de tus comportamientos tienen que ver con una dependencia emocional que no llegabas a entender.

Hay ciertos vínculos que sabes que te hacen daño pero que no cortas por el miedo a sentirte sola, y de ese modo te ves metida en relaciones tóxicas de las que no sabes cómo salir.

 

–          Inseguridad

La inseguridad tampoco es algo que se vea en ti a simple vista, pero tú sabes que tus celos y tus desconfianzas tienen que ver con una inseguridad casi patológica que en ocasiones no te deja vivir tranquila.

Se debe al mismo miedo de antes, miedo a sentirte sola o abandonada.

 

–          Desapego afectivo

El hecho de haber crecido junto a un padre ausente hace que no quieras depositar demasiado afecto en nadie para evitar ser traicionada o, lo que es peor, ignorada.

Ya te ha ignorado suficiente tu padre.

 

–          Hostilidad

Estás a la defensiva, esperando el ataque.

Quizá tenías un padre ausente para lo bueno pero en lo malo sí que estaba ahí para machacarte.

 

–          Abuso de poder o dificultad para ejercer tu autoridad

O te comportas como una déspota o no te atreves a abrir la boca para decir lo que piensas.

Es muy probable que fueses una niña asustadiza al principio y que según ibas creciendo, y dándote cuenta de las cosas, empezases a comportarte como tu padre.

 

–          Indisciplina y falta de voluntad

Mientras hay personas que imitan la conducta que tanto criticaban en su padre ausente, otras personas se van al extremo contrario.

Las mujeres que se van al extremo contrario suelen convertirse en personas indisciplinadas e incapaces de tomar decisiones.

 

–          Problemas con la autoridad

Recuerdo haber sido una niña buena, siempre y cuando el viento soplase a mi favor. Si en algún momento algo me parecía injusto, hacia mí o hacia los demás, hacía lo que me daba la real de la gana.

 

–          Falta de autoestima

Si creciste con un padre que te hacía de menos todo el tiempo, que te ignoraba, que incluso se reía de las cosas que eran importantes para ti, tendrás una falta de autoestima importante, por mucho que te empeñes en ocultarla.

 

 

3 cosas que te ayudarán a sanar tus heridas

Desde el momento en que asumes que tienes traumas infantiles que afectan a tu vida y que una vez que los superes podrás evolucionar mucho mejor,  algo hace “clik” y puedes empezar a buscar respuestas a muchos de tus comportamientos.

Quien no haya tenido traumas infantiles que levante la mano.

¿Nadie en la sala?

Nadie. Eso creía…

Muy pocas personas, al menos que yo conozca, no tienen algún tipo de trauma que arrastran desde la infancia, es muy normal.

Sin embargo, como casi todo en la vida, tiene solución.

Aunque el vacío que te haya dejado la figura de tu padre ausente te haya hecho mucho daño, en tu mano está que el daño cada vez sea menor.

 

1.      Intenta comprender

Si tu padre también tuvo un padre ausente y nadie le enseño a manifestar afecto, era muy difícil que él, llegado el momento de convertirse en padre, supiera hacerlo mejor.

Sí, es verdad que si tú estás encontrando herramientas él también podría haberlas buscado, pero por lo que sea no lo hizo.

Él también sufrió por no saber darte afecto, por no saber hacerte feliz, por ser incapaz de abrazarte cuando lo necesitabas.

Si se dio cuenta, que es muy probable que sí, te aseguro que también sufrió por ello.

¿No te ha pasado a ti que a veces te enfadas con alguien, sabes que no llevas razón, y aún así eres incapaz de recular?

Pues también puede ser que el orgullo de tu padre no le permitiera ser de otra manera, aún dándose cuenta que esa no era la mejor manera para ti.

 

2.      Vive el presente

 

El pasado ya no existe, eso es incuestionable.

Vamos a suponer que tu padre sigue siendo un padre ausente, pero que gracias a que tú estás trabajando tus traumas infantiles ahora le comprendes mejor.

Si le comprendes mejor no seguirás culpándole de todos tus males, podrás responsabilizarte de tu vida, mirarle con más amor y conseguir curar tus heridas.

tener un padre ausente

Vive el presente y valora a tu padre por lo que es hoy, con lo que tú sabes ahora que antes no sabías, y sobre todo por tu propia felicidad.

 

3.      Busca ayuda profesional

 

Si te das cuenta de que no hay forma de superar ese vacío que dejó tu padre ausente, busca ayuda de profesionales.

A veces, el dolor es tan grande y las heridas son tan profundas que no vale con tener empatía e intentar comprender a tu padre.

Hacer terapia, constelaciones familiares, reforzar tu propia autoestima, son las herramientas más potentes para sanar heridas y conseguir tomar las decisiones que siempre has querido tomar para ser más feliz.

 

 

Conclusiones

He llorado muchísimo a consecuencia de la relación que tenía con mi padre.

No comprendía lo que hacía, cómo pensaba, cómo trataba a sus hijas…Si luego resulta que cuando salía a la calle era bueno y accesible para todo el mundo.

Lo comprendí el día que me di cuenta que me había convertido en él.

¡Me había convertido en mi padre ausente!

–          Tenía dificultad para manifestar mis emociones.

–          Era bastante tiránica, inflexible, estricta.

–          Me creía en posesión de la verdad absoluta.

–          Pensaba que el mundo giraba en torno a mí.

–          Trataba regular a mi familia más cercana y entre algodones a todos los demás.

–          Tenía la autoestima por los suelos, pero como la debilidad no estaba bien vista había que disimular.

Recuerdo a mi ex marido diciéndome: “parece que te has tragado a tu padre”.

Pero cuando te haces consciente de que tienes heridas y pones los remedios necesarios para curarlas, tu mundo cambia.

Cuando empiezas a dar amor a esa persona a la que recriminabas continuamente, a la que rechazabas y con la que peleabas, esa persona cambia, aunque sea solo un poquito.

A ti no te gustaba cómo se comportaba tu padre contigo, a ti no te gustaba que tu padre fuese un padre ausente…

Pues compórtate como te hubiese gustado que se comportasen contigo y verás que poco a poco los cambios se irán produciendo. ¡Garantizado! 😉

¡Cuidado que aquí me pillo los dedos! “Poco a poco los cambios se irán produciendo” no significa que de aquí a una semana tu padre ausente se convierta en el padre amoroso que siempre has echado de menos, eso es poco probable.

Pero ten paciencia, hazlo sobre todo porque así te sientes mejor contigo misma, y ve cosechando los frutos lentamente.

No podemos rebobinar hasta nuestra infancia, ponerle a nuestro padre el “chip de padre amoroso” en el cerebro, y volver a revivir esa etapa de nuestra vida para construir un futuro mejor.

El futuro mejor se construye ahora, en el presente.

Es ahora cuando tienes la posibilidad de sanar las heridas provocadas por tu padre ausente.

Si el rencor es tan grande para no querer saber nada de él, estupendo, es tu decisión, pero eso no significa que te tengas que quedar con el rencor.  Puedes usar el perdón para sanar, aunque no quieres volver a ver a las personas que te hicieron daño.

Pero si crees que es posible reconciliarte con tu pasado para ser más feliz, ¡adelante!, sé valiente y construye relaciones diferentes a la que tenías con tu padre ausente.

 

 

Pero ahora quiero escucharte a ti, porque este es un tema que me interesa mucho y por el que sufren muchas mujeres.

¿Creciste con un padre ausente?

¿Has conseguido curar las heridas provocadas por ello?

¿Puedes contarnos algo que pueda ayudar a las personas que hayan pasado por esto?

 

Un abrazo grande

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Ayudo a las mujeres a superar sus complejos, a quererse como son y a mejorar la autoestima porque para mí es la base de la verdadera felicidad. Si necesitas adornarte para sentirte segura es que algo no marcha bien. Es el momento de empezar a amarte y construir la vida de tus sueños.

2 comentarios en “¿DÓNDE ESTÁ MI PADRE? Consecuencias de tener un padre ausente

  1. ¡¡Hola guapa!!

    ¡Qué identificada me siento con todo lo que dices! Yo tuve un padre ausente del todo básicamente porque murió cuando tenía 6 años y no se de que manera habrá actuado mi cabeza pero no recuerdo nada de él… eso si, me tocó vivir con una madre que adoptó ese rol masculino y en consecuencia, ahora dándome cuenta yo también lo tengo. Siempre tiendo a ser la fuerte, la que lleva todos los temas complejos… aunque ahora en esta fase de autoconocimiento en la que estamos me doy cuenta que va mucho más allá de simples rasgos de mi personalidad y tienen mucho que ver con todo esto.

    Gracias por tus artículos, por darme un poquito más de claridad en todo este camino. Haces un trabajo estupendo 🙂

    ¡Un abrazo preciosa!

    • Hola cariño!!

      Muchas gracias por dejar tu comentario porque creo que en este artículo muchas nos identificamos pero no es un tema cómodo de comentar.

      Si además tu padre no sólo estuvo ausente emocionalmente sino también físicamente, la tarea se hace más dura. No podría llegar a imaginar tu pesar.

      Es inevitable que tanto tú como tu madre hayáis adoptado ese rol, digamos que de esa manera se busca el equilibrio y a veces no nos damos cuenta de hasta qué punto eso es lo sano. La verdad que no sabría decirte.

      Me alegra mucho saber que he podido darte un poquito de claridad. Para mí también es difícil escribir determinadas cosas, sabiendo que mucha gente que me lee conoce a mi familia perfectamente y pude ser incómodo. Pero si sirve para ayudar, bienvenido sea pues por ello lo hago.

      Un abrazo enorme

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